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El discurso de Moreno se radicaliza

Los candidatos del oficialismo, Lenín Moreno y el vicepresidente Jorge Glas, se volcaron ayer a nutrir la vena radical del discurso de campaña de Alianza PAIS con referencias despectivas a los opositores para pedir el voto a su favor.

Candidato. Moreno posó ayer junto a la militancia de PAIS.

Ni mano extendida ni diálogo con los contrarios. Los candidatos del oficialismo, Lenín Moreno y el vicepresidente Jorge Glas, se volcaron ayer a nutrir la vena radical del discurso de campaña de Alianza PAIS con referencias despectivas a los opositores para pedir el voto a su favor.

Glas, más habituado, introdujo el tono de la tarima conjunta de ayer, en Guayaquil, refiriéndose sin citar sus nombres a la “tristeza” que le produce “ver cómo se pelean por el segundo puesto” Guillermo Lasso de CREO, a quien el vicepresidente en funciones prefiere llamar “el Rico McPato”, y a la socialcristiana Cynthia Viteri, a quien él prefiere referirse como “la señora esta”.

El hombre de los sectores estratégicos ha regresado cuatro años en el tiempo para recuperar el “todo, todito 35” que les concedió la mayoría absoluta en la Asamblea. Una fuerza legislativa que, cuando la necesitaron, reconoce, “enseguida levantó la mano”. Por ejemplo, después del terremoto. Glas, satélite de una fuerza electoral que hace diez años no enfrenta un balotaje, coreó con la red de maestros que lo escuchaba: una sola vuelta.

Lenín no piensa igual: “¿por qué una sola? si nos estamos divirtiendo”, bromeará minutos más tarde con su habitual buen humor de tarima. Pero tendrá pocos momentos amables esta vez, la primera que reconoce la posibilidad de un balotaje. Cuando llegó el momento de la solemnidad, el presidenciable, luciendo la camisa blanca que evidencia su renuencia a vestir la verdeflex de su partido, prometió devolver el esfuerzo a su militancia tras “las elecciones de abril”, dijo. No de febrero, cuando está fijada la primera vuelta; sino de abril, cuando se estima la segunda.

Tal vez eso explique su tan poco estilo combativo. Para muestra, botones: en lugar de “otros candidatos”, como suele resumir a la oposición, los llamó “caraduras”. Y en ese esfuerzo de enfrentamiento se refirió a estos como “los causantes del feriado bancario y la migración” y “los que nunca han hecho nada” desde el poder.

Moreno, el hombre de la mano tendida, más bien extendió el puño esta vez. “Tenemos que derrotarlos”, advirtió mirando a su número dos, Glas, de verde y detrás.

Ambos, a su modo, criticaron a la oposición por ofrecer subsidios al tiempo que bajan los impuestos. Y, Moreno en especial, por reducir el tamaño burocrático del Estado. Así que allí, en un estadio rodeado por maestros, bramó con tono inquisitorio: “Mi pregunta es: ¿a cuántas decenas de miles de maestros van a echar a la calle? ¿Cuántos hospitales van a cerrar? ¿Cuántas escuelas van a cerrar?”. Alrededor suyo: grito y estruendo.

Aludiendo a la venda dura del correísmo, el binomio oficialista ha caído en la tentación de reducir la contienda electoral al enfrentamiento de dos fuerzas: ellos y “la bancocracia y la partidocracia que nunca volverán a gobernar”, dijo Glas. Eso es lo que, a su juicio, está en juego.