A corazon abierto

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A corazon abierto

La llama está encendida. El balompié gaucho arde, y no por una apasionante definición de campeonato, sino por la profunda crisis en la que está sumergida la Asociación de Fútbol Argentino (AFA), que con los tentáculos de la inestabilidad ya sacó de la cancha al mejor del mundo, Lionel Messi, y dejó sin cabeza a la Albiceleste luego de la renuncia del entrenador Gerardo Martino.

Este organismo, dirigido cerca de 35 años por Julio Grondona y que tras su muerte dejó más dudas que respuestas, está intervenido por sospechas de corrupción. No en vano según las indagaciones de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), el fallecido expresidente de la organización recibió tres millones de dólares por “facilitar” un contrato por derechos de televisión e imagen. Y tenía otros doce millones por cobrar.

Para muchos, con él empezó todo. Mauricio Macri, presidente argentino, lo acusa como el principal responsable de la crisis. “Herencia de Julio Grondona”, manifestó el otrora titular de Boca Juniors.

Es que la política también tiene su papel en esta crisis, más aún cuando se establece la cercana relación de amistad que tenía Grondona con la expresidenta Cristina Fernández y su exesposo, el fallecido y también otrora mandatario Néstor Kirchner.

Diego Maradona, exastro que condujo a Argentina al cetro mundial en México 86, arremete contra la época en la que Grondona dirigía la AFA. “Seguimos con la misma mafia ‘grondonista’”, dijo tras la reunión interrumpida con Primo Corvaro, enviado por la FIFA para supervisar el estado de la organización futbolística.

Sin presidente, tras la finalización del cargo de Luis Segura por la llegada del máximo ente regidor del balompié a la institución para ser intervenida y en medio de una propuesta de una superliga, estilo Premier League, que tiene felices a pocos, la AFA intenta sobrevivir a unos días del debut en los Olímpicos. Esto sin una fuente de ingresos, con directivos y jugadores que quieren desligarse de la institución por la mala imagen que proyecta y, sobre todo, sin Lionel Messi, el mejor del mundo, quien con fútbol les permitía disimular una deplorable administración.