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Los médicos, hijos de Hipócrates y Esculapio, ingresan a la Escuela de Medicina y luego de un trayecto lleno de privaciones, sacrificios y algunas compensaciones, se gradúan. Algunos se fortalecen con un curso de posgrado o con una maestría y salen a mejorar o sanar a los pacientes que, confiando en sus conocimientos, se entregan en sus manos llenos de esperanza.

Resulta indiscutible que no existe ninguna acción médica que pueda ser tipificada penalmente, ya que ningún facultativo sale a ejercer con ánimos de lesionar o matar a un paciente; más bien, busca mejorarlo o curarlo, ya que el éxito redundará en su propio beneficio, al ser comentado favorablemente entre su paciente y allegados.

En una reunión clasista en México, realizada hace unos días, me increparon los colegas asistentes en el sentido de que les parecía inadmisible que no hayamos defendido “a sangre y fuego” la posición del médico, impidiendo que sea incluido en un Código Orgánico Integral Penal -COIP-, lugar en el que jamás debíamos estar sindicados.

El más complejo quehacer en el mundo es el de la profesión médica, por la cantidad de variables que enfrenta al actuar, ya sea por la acción de los medicamentos que utiliza o por la idiosincrasia genética del paciente, que no es posible predeterminar en ocasiones y no es comparable con la de ningún otro ser humano por el hecho de ser totalmente diferentes.

En México, cuando existe una controversia debido a un error, una impericia o una evidente mala práctica, el o los querellantes acuden ante la Comisión Nacional de Arbitraje Médico -Conamed, que funciona en cada estado o a nivel central, donde se abre el caso con profesionales médicos y juristas de alta competencia que, analizándolo exhaustivamente, emiten su fallo, el cual, de no ser satisfactorio para una de las partes, podrá trasladarse por su no aceptación ante la justicia ordinaria, que será la que sustancie el veredicto definitivo frente a un determinado conflicto. Los asistentes me dieron el pésame por el hecho de ser considerados en el Ecuador como potenciales delincuentes.

Y sigo andando...

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