Caso Carolina Llanos: "Haber silenciado las críticas como país es alarmante"
Defensoras de los Derechos Humanos alzan la voz tras la declaración de inocencia de Carolina Llanos. La propaganda estatal jugó contra la víctima.

El presidente Guillemo Lasso ofreció un acto de desagravio a Galo Lara y su esposa.
Si algo demuestra la declaración de inocencia de Carolina Llanos tras ocho años de prisión es la capacidad que tuvo el correísmo para deshumanizarla con todo su aparataje estatal.
Así lo explica la política y catedrática Martha Roldós. “¿Cuándo se ha visto que un Estado haga cadenas de un hecho de crónica roja? Este es un caso que nos pone atentos de cuando todo el Estado quiere señalar a una persona”, dice.
Activistas de derechos humanos, feministas y demás actores que velan por este tema han sido consultados por este Diario a propósito de lo tibia que resultó la defensa básica de los derechos humanos en esa época, al conocerse que Llanos abortó producto del maltrato dentro de la cárcel y de toda la vulnerabilidad de la que fue víctima solo por ser esposa de un enemigo político de Rafael Correa Delgado, Galo Lara.
Llanos, lee Roldós, era el mecanismo para llegar a un opositor. “El correísmo tomó rehenes. El sistema de justicia queda muy mal parado. El rol de Galo Chiriboga y José Serrano (exfuncionarios) debe analizarse”, sostiene.
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Le llama la atención no ver más voces hablando de lo que hizo el sistema con Llanos. “Haber silenciado las críticas como país es alarmante. La lucha por los derechos humanos se convirtió en discrecional y fue deshumanizada. Ellos (algunos activistas) eligieron creer el catecismo de la Revolución Ciudadana”, increpa.
Silvia Buendía, abogada experta en derechos humanos, cree tener la respuesta ante el silencio. “Era una época en que el correísmo controlaba la Corte, la Defensoría, la Judicatura... Correa captó organizaciones de derechos humanos y sociales, y los puso de funcionarios. Durante ese tiempo hubo feministas que decían que la niña violada por el padre de Jorge Glas había provocado el hecho. Fue más que un mutis el de algunos de los defensores, fue complicidad”, critica.
Sobre que no haya habido mayores comentarios del sector activista una vez que se supo de la inocencia de Llanos, Buendía dice que si no hablan es por vergüenza. “Ellos siempre supieron cómo era Correa”.
Diane Rodríguez, defensora de los derechos GLBTI, cuenta que como activista no hizo mayor acción porque su campo de trabajo es el grupo minoritario al que representa, aunque no comenta nada sobre el papel que jugó el sistema estatal en esta vulneración de derechos de Carolina Llanos.
María Dolores Miño, directora del Observatorio de Derechos y Justicia, cree que el contexto de los defensores era complicado entonces. “Con el Decreto 16, cualquiera podría ir preso o ser cerrado (como institución) si se hablaba mucho de estos temas”, recuerda.
Zaida Rovira, exdefensora (s), fue funcionaria de la Defensoría el tiempo en que Llanos fue detenida. Reconoce que el tema tuvo un manejo extremadamente político y no se contó con información completa e imparcial del caso. También afirma no haber hecho mayor movimiento. “No podía actuar como activista por estar sujeta al lineamiento institucional”
“Por otra parte, la exigibilidad de derechos desde la sociedad civil ha cobrado fuerza. Es con cada golpe, cada caso estremecedor, que la sociedad se va organizando. En estos momentos sería muy difícil que un caso como el de Carolina Llanos pase sin pronunciamientos de los colectivos”.
Hoy, sobre el caso, Rovira cree que persiste el tema político, que pone en duda las motivaciones del fallo judicial. “Por eso es indispensable que se investiguen seriamente las denuncias de abusos, violencias y vulneraciones, se sancione a los responsables y se repare el daño causado”.
Llanos ha hecho público que acudirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y a La Haya para presentar su caso.