
Balas para silenciar periodistas en Mexico
103 periodistas han muerto asesinados en México desde 2000. Solo el año pasado fueron 11. Las líneas que siguen tantean los últimos pasos de los tres muertos del mes de marzo.
Marzo ha sido un mes fatídico para la prensa en México. Tres periodistas han muerto asesinados a balazos en Guerrero, Veracruz y Chihuahua. Otro lucha por su vida en el hospital después de un ataque en la puerta de su casa. Otro tuvo suerte, su escolta recibió el plomo que unos sicarios guardaban para él. El último se recupera de una herida de bala, sufrida cuando cubría una protesta sindical. 103 periodistas han muerto asesinados en México desde 2000. Solo el año pasado fueron 11. Las líneas que siguen tantean los últimos pasos de los tres muertos del mes de marzo.
Ricardo Monlui y la caña de azúcar en Veracruz
En apenas mes y medio, tres hombres vinculados a la industria de la caña de azúcar murieron asesinados en Veracruz.
El 19 de marzo, Ricardo Monlui fue a desayunar a un restaurante con familiares y amigos. A eso de las 10 de la mañana, cuando ya salían del local, hombres armados abrieron fuego contra él. Murió allí mismo, en la banqueta, afuera del restaurante.
Monlui era un periodista conocido. Tenía su propio medio, El Político de Córdoba. Colaboraba con varios diarios locales. Un colega dice que era muy cercano al Gobierno y que por eso nadie hizo escándalo cuando lo mataron. El colega dice también que era muy amigo de Daniel Pérez Valdés. El segundo es presidente de la unión nacional de productores de caña de azúcar. El primero había sido su vocero. Monlui no descubrió los trapos sucios de nadie, pero conocía el sector cañero como la palma de su mano.
Miroslava Breach, la valiente denuncia sobre la ‘narcopolítica’
Como en las películas de espías, si el investigador hubiera preguntado a los conocidos de la víctima si había alguien que tuviera motivos para asesinar a Miroslava Breach, sus familiares, amigos y conocidos se habrían mirado entre ellos y habrían enumerado una larga lista de posibles sospechosos, que van desde alcaldes y policías locales a partidos políticos y narcotraficantes.
Conocida por su periodismo crítico y profundo, a lo largo de varias décadas como corresponsal en Chihuahua, Miroslava molestó a muchos y fue elevando el tono para denunciar, entre otras cosas, el desplazamiento de miles de campesinos de la sierra Tarahumara obligados a plantar amapola ante la llegada de los carteles, o los vínculos de los partidos políticos con el crimen organizado.
Si bien aún no está claro quién ordenó su muerte el jueves 23 de marzo, las autoridades tienen clara una cosa: fue asesinada por su trabajo periodístico, confirmó el gobernador Javier Corral.
Uno de sus artículos más reconocidos, “Narco destierra a familias en Chihuahua”, publicado en agosto de 2016, denunciaba que centenares de familias de campesinos habían sido desplazadas de sus comunidades y habían perdido sus casas, ganado y tierras, a manos de narcotraficantes. En su texto detalló cómo los campesinos de diminutos municipios perdidos entre las montañas de Chihuahua vivían bajo el terror de narcotraficantes que custodiaban los caminos que impedían regresar a la población.
Diez días después recibió ocho balazos de un sujeto armado que la esperaba a la salida de su casa.
Cecilio Pineda, reportero digital en Tierra Caliente
El reportero Cecilio Pineda trabajaba para su cuenta de Facebook. Igual entraba en vivo con la cámara de su celular, que escribía una nota. O publicaba el reportaje de algún compañero. O sacaba publicidad de una venta de pollos, de un taller mecánico, de una tienda de zapatos. Así ganaba algo de dinero.
A Cecilio lo asesinaron el 2 de marzo en su pueblo. Vivía en Ciudad Altamirano, un municipio de la Tierra Caliente de Guerrero, una de las regiones más pobres de uno de los estados más pobres de México.
El día en que lo mataron, Cecilio fue a San Miguel Totolapan, el pueblo de al lado. Hacía meses que un grupo de vecinos se había levantado en armas contra el crimen organizado. Estaban hartos, decían, de ‘Los Tequileros’, una banda de secuestradores que tenía sometida a la población desde hacía meses. Aquel día, los vecinos exigieron a las autoridades que detuvieran a su líder, ‘El Tequilero’. Que aprehendieran además a su compadre, el exalcalde de San Miguel, Saúl Beltrán. Por entonces, la fiscalía ya acusaba a Beltrán de haber asesinado al párroco del pueblo años antes.
Cuando volvía de San Miguel, mientras manejaba su carro, Cecilio entró en vivo a través de su cuenta de Facebook. “¡Buenas tardes amigos de la Tierra Caliente!”, saludó. El reportero denunció que unos sicarios de ‘Los Tequileros’ habían desertado. Que estos sicarios habían dado la ubicación de los demás. Que las autoridades no los detenían porque no querían. Que el comandante regional de la policía estatal protegía a los secuestradores. El vídeo pronto alcanzó varios miles de visitas.
Cecilio no hacía periodismo de investigación. Decía lo que todos creían saber y el problema, para él, es que muchos le escuchaban.