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Apasionadas por el rugby

Rugby 7 la variante más conocida entre las seguidoras guayaquileñas de este deporte. Son siete jugadoras por equipo, en lugar de 15.

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Cuando arriba a casa, a Romina Tomalá Zumba le salen al paso sus tres perros y tres gatos. Podría estar agotada, pero no por eso deja de atenderlos como corresponde. Son sus mascotas y dice que las ama... que desde que era una nena se sintió atraída por los animales.

Llegado el caso, en cualquiera de esas noches, puede que se suelte sobre el piso y deje que los perros jueguen con ella o se afane en perseguir a sus gatos. Toda mimosa, seguro toma cuidados extremos. Evita no estropearlos cuando quizá intente un tackleo con alguno de ellos.

Sucede todo lo contrario cuando es un jueves por la noche y le toca concentrarse y arreciar contra todo en una jugada de práctica. Esta veterinaria de 24 años rueda por el piso de una cancha de tierra algo húmeda en uno de los barrios del norte de la ciudad, en las instancias de un juego que desde afuera se percibe como uno de los más violentos: el rugby.

Históricamente -su creación data de 1823- se ha creído que era un deporte de hombres. Pero las mujeres lo han practicado desde 1913, cuando jugaban en secreto en colegios europeos.

Es cierto que es un deporte de contacto y el roce físico no falta. Hay caídas, algunos golpes y músculos que chocan. Pero se lo advierte más exagerado desde afuera, que lo que se siente desde adentro, dice Romina, quien es parte de las Guayacán RFC, un club que es el ala femenina de uno de los cuatro equipos formados por amantes de este deporte que buscan abrirse campo en un país futbolizado.

Las mujeres de Guayacán RFC entrenan dos veces a la semana en la cancha de Sauces II, dice Washington Sigüenza, quien preside el comité pro mejoras de este barrio. “Para nosotros es un orgullo. Le hemos dado cabida y de ahí salen algunas jugadoras que son seleccionadas de Ecuador”.

Eso en lo deportivo, en el plano humano, cada quien tiene una historia. Algunas tuvieron que hacer a un lado sus temores y hasta prejuicios.

“Yo acompañaba a un primo a los entrenamientos. Un día alguien me invitó a salir a la cancha. Tuve miedo”, dice Stephania Peredo Mojarrango, una estudiante del tercer año de Economía en la Universidad Católica.

Cierto día aceptó la invitación. Ahora lleva tres años en el equipo y tiene un gran desempeño como pilar, uno de los puestos donde se debe ser de los más grandes y fuertes.

Alguna tuvo que sobreponerse a lo que pensaban sus padres. Reyna Palacios Sánchez, una abogada de 30 años y jefe operativa de una operadora de celulares, dice que su madre la ha visto jugar, pero que lo que ve en a cancha la asusta. Sucede diferente con su hijo, de siete años. “Soy su héroe”.

Algo parecido podría pensarse que ocurre entre Odalis García Jiménez y sus alumnos del colegio Javier. La maestra de Biología ha sido seleccionada por su país, Venezuela. Ahora reside en Guayaquil y aunque tiene 38 años, es considerada una de las estrellas del rugby porteño.

Como se puede ver, en este grupo además de una bióloga hay desde relacionistas públicas hasta diseñadoras gráficas, pasando por nadadoras profesionales y licenciadas en Educación Física. Todas en una actividad que nunca discrimina el físico. Si se es alta o delgada, o más o menos corpulenta, siempre encontrará cabida. Dependiendo de la posición que ocupe en el campo, vendrá mejor ser más ágil y ligera o más pesada y robusta.

Es por eso que rompiendo cualquier tabú, el grupo de deportistas arriba dos veces por semana y desde distintos sectores de la ciudad a la canchita de Sauces II. Un lugar que se llena de voces femeninas para las prácticas de un deporte que fue hecho para hombres.

Los hombres que apoyan a las mujeres

El grupo de los 12. Cierto día decidieron dejar de ser parte de otro equipo y formar el suyo. El grupo lo integraron José Zambrano, Andrés Sotomayor, Carlos Salazar, Andrés Solano, Luis Hinostroza, Vicente Centeno, Cristian Morales, Luis Zamora, Stephania Peredo, Keyla Guerrero, Roberto Rodríguez y Rómulo Peralta. También pensaron en integrar un ala femenina. Pronto se sumaron María Paula Pacheco, las hermanas Karen y Romina Tomalá, Ximena Nativi y Verónica Bosmediano. A la segunda semana de entrenamiento llegaron Reyna Palacios, Tatiana Sánchez, Zaide Manzur, Gia Albán, Angie Castro, Karol Candel y Odalis García. El ala masculino también sumó miembros: Xavier Albán, Luis Santoro, Richard Marshall, Pedro Eguigueren, Luis Cordero, Augusto Fernández, Rubén Huacón, Issac Reyes y Jesúa Paucar. Ese fue el proceso de formación del equipo Guayacán Rugby Football Club.

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