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La ansiedad que no se controla se convierte en trastorno
Las pastillas para dormir que Aída tomaba dejaron de hacer efecto. Perdió el apetito, empezó a sentir un hormigueo en las piernas, los pies fríos y a tener miedo de que le ocurra algo malo.

Las pastillas para dormir que Aída tomaba dejaron de hacer efecto. Perdió el apetito, empezó a sentir un hormigueo en las piernas, los pies fríos y a tener miedo de que le ocurra algo malo.
A esto se sumó la sobrecarga de estrés diaria por atender su negocio de venta de regalos y encargarse de que no les falte nada a su esposo, sus dos hijas, yerno y sus dos nietos (comida lista, ropa limpia, etc.). Aída colapsó y cayó en una crisis de ansiedad y depresión, según diagnóstico de un psicólogo y una psiquiatra.
Paola Escobar, psiquiatra y coordinadora de Investigación y Docencia del Instituto de Neurociencias de Guayaquil, explica a EXPRESO que: “cuando hablamos de ansiedad hay que distinguir entre una reacción normal y un trastorno mental. Lo primero es lo que llamamos estrés, esa sensación de estar alerta ante una situación, que nos da la capacidad de reaccionar. Cuando esta se desborda y no sabes cómo reaccionar, quieres huir, comienzas a sentir cosas más intensas en tu cuerpo y a pensar que tienes una enfermedad (por ejemplo, por cualquier cosa te palpita rápido el corazón y sientes que se te sale), entonces el estrés normal se convierte en trastorno de ansiedad”.
Una explicación similar recibieron Aída y su familia por parte del psicólogo y la psiquiatra, a los que acudieron luego de que un médico general les indicara que no tenía otra enfermedad.
De enero a julio de este año, en la Consulta Externa del Instituto de Neurociencias, se atendió a un total de 2.077 personas (1.352 mujeres y 725 hombres) por cuadros de ansiedad, cifras identificadas como “Reacción al estrés grave y trastornos de adaptación”.
Al respecto, Escobar señala que en comparación con el mismo período de 2014 y 2015 no hubo un incremento de estos casos en esta institución. Se mantiene un promedio de más de 2.000 pacientes (en los 7 primeros meses de esos años).
¿Por qué se nos va de las manos el estrés y llegamos a padecer trastorno de ansiedad? Porque vivimos demasiado a prisa y “no aprendemos a cuidar nuestra salud física y mental, no tenemos en el día a día una rutina que signifique que estamos cuidándonos, sea física o mentalmente. No nos damos un mínimo de 30 minutos diarios para nosotros, para hacer algo que nos guste, sea una actividad física o recreativa (hacer ejercicio o tejer, por ejemplo)”, indica la doctora Escobar.
La psicóloga clínica Verónica Baque agrega: “hay quienes consideran que el estrés es negativo y, no, el estrés es bueno porque es lo que saca lo mejor de nosotros. El problema es el distrés, que es el estrés negativo”.
Añade que el estrés es una tensión física o emocional, es cuando nos late más fuerte el corazón, comenzamos a sudar más, pero pasa rápido.
“El distrés, en cambio, es cuando sientes que no controlas una situación, es un período largo tanto así que no puedes continuar con tu vida normal porque sientes que algo te tiene incómodo y te ahoga”, explica Baque a este Diario.
A decir de Julián Campo, estratega en Desarrollo Humano, “la ansiedad es el mal del siglo, es eso que la gran mayoría sufre, pero que pocos aceptan; así como la hipertensión, un enemigo silencioso que de a poco toma control de tu vida”.
Añade que la sobrecarga de estímulos que da la tecnología y las exigencias del mundo de hoy generan ansiedad. Para él es fundamental descubrir cuáles son los factores desencadenantes del trastorno y replantear hábitos de vida. Esta es una enfermedad que se trata en terapia psicológica y psiquiátrica. Aída lo entendió, así lo hizo y superó su crisis.