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Alianzas de Rusia en Oriente Medio

Estados Unidos ha perdido dos guerras asimétricas en los tiempos modernos: una contra el Vietcong en Vietnam y otra contra los grupos terroristas en Oriente Medio. Cuando su derrota se volvió evidente en Vietnam, EE. UU. se retiró de la región, dejándole al ganador la tarea de limpiar el desastre. A pesar de sus mayores esfuerzos, a EE. UU. le ha resultado más difícil dejar atrás a Oriente Medio, una región todavía desgarrada por el conflicto y perturbada por alianzas cambiantes. Para el presidente ruso, Putin, la agitación de la región representa una oportunidad importante. Al afianzarse en Oriente Medio, espera revivir la imagen desvanecida de Rusia como potencia mundial, recuperar su condición de principal contrapunto geopolítico de EE. UU. y ganar elementos de negociación con qué promover sus intereses más inmediatos en el exterior próximo a Rusia. Putin ha hecho algunos progresos, incorporando firmemente a Rusia en la política de Oriente Medio. Pero su posición en la región sigue siendo frágil. Su reciente cooperación con Irán, por ejemplo, no es señal de una amistad en ciernes. Irán está decidido a retener su papel como principal mecenas de Assad. Es más, no querría poner en peligro sus esfuerzos por reconstruir sus relaciones económicas con Occidente -un objetivo que apuntaló el acuerdo internacional sobre su programa nuclear concluido en 2015-. En cuanto a Rusia, cooperar con Irán en una política más amplia para Oriente Medio destruiría su estatus entre las potencias sunitas de la región. Mientras tanto, países como Turquía y Egipto se están asociando con Rusia en una suerte de protesta, en medio de tensiones con sus aliados más cercanos en Occidente. El presidente turco, Erdogan, quiere la ayuda de Rusia en la lucha contra los kurdos de Siria. Erdogan está frustrado con sus aliados occidentales, que no le han hecho ningún favor en esa cuestión. Por el contrario, los kurdos sirios son el socio más eficiente de EE. UU. en la guerra contra el Estado Islámico (ISIS), al que Turquía y Rusia también están combatiendo. Armar a las milicias kurdas, como hoy está considerando el presidente Obama, arrojaría aún más a Erdogan a los brazos de Putin (que dado su interés en dividir a la OTAN, recibiría con beneplácito ese desenlace). Pero el potencial de la relación entre Turquía y Rusia es limitado. Sean cuales fueren las tensiones entre Erdogan y Occidente, el presidente turco sabe que no es aconsejable poner en riesgo las garantías de seguridad ofrecidas por la OTAN. En vista de esto, cualquier alianza con Putin en Siria probablemente sea superficial y de corta vida. Rusia, por su parte, no tiene ningún interés en fomentar la condición de Turquía como potencia regional importante. La necesidad de libertad y una democracia al estilo occidental continúa siendo el sueño de las generaciones más jóvenes de Oriente Medio. EE. UU. ahora está concentrado en Asia, utilizando las herramientas de la globalización -en particular, las asociaciones de comercio e inversión- para ayudar a impulsar el desarrollo de la región. Cuando Oriente Medio esté listo, seguramente hará lo mismo allí, y entonces, las incursiones militares aisladas y las alianzas efímeras que Rusia ha mantenido rápidamente se perderán

Project Syndicate