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Florencio Compte Guerrero | La prensa y el poder

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Los medios de comunicación, en tanto actores políticos, juegan un papel fundamental en la sociedad

¿Qué diferencia hay entre que un presidente rompa públicamente un diario; llame a usar los periódicos para madurar aguacates; insulte, persiga y enjuicie a periodistas que no son de su agrado; se apropie de medios de comunicación o haga uso ilegal de instituciones públicas para tratar de amedrentar y callar a un diario que no ha hecho más que difundir noticias que otros medios callan? La respuesta: ninguna.

Partamos de una premisa: no todos los hechos son noticia, para que esto suceda debe cumplir ciertas características, entre ellas, que sean novedosos, que sean de actualidad y que generen interés en determinada audiencia que espera que lo que recibe de información por parte de un medio que le genere credibilidad, sea veraz y verificable.

Segunda premisa: siempre hay una relación de tensión entre la prensa (la independiente, no la pautada) y los gobiernos; por un lado, hay una necesidad mutua y, por otro, existe un conflicto constante por la búsqueda, de uno y otro lado, de construir el relato sobre los hechos y controlar el mensaje y su difusión.

Tercera premisa: los medios de comunicación, en tanto actores políticos, juegan un papel fundamental en la sociedad, al fiscalizar al poder, denunciar irregularidades en el manejo de lo público, exigir rendición de cuentas de los mandatarios y permitir a los ciudadanos (los mandantes) tomar decisiones informadas.

Cuarta premisa: para que exista una prensa libre se requiere que desde el Estado se respete su accionar, como planteaba el filósofo y escritor Albert Camus: “una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad la prensa nunca será otra cosa que mala”, por tanto, a un gobierno inteligente le conviene contar con una prensa que tenga libertad de cuestionarlo, auditarlo y, por qué no, eventualmente, aplaudirlo.

¿Hasta dónde puede llevar el uso arbitrario del poder? Marco Tulio Cicerón da la respuesta: “El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretenda hacerse superior a las leyes”. No hay que tentar a la conciencia de los buenos ciudadanos.