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Aida y su lucha por el amor de una hija
Aída Granda es ejemplo claro de aquel proverbio popular que dice: “la esperanza de una madre nunca muere”. Hace dos décadas, la tercera de sus hijos, de apenas 1 año 5 meses d

Álvaro Tumbaco / Pamela Vera Guayaquil
Aída Granda es ejemplo claro de aquel proverbio popular que dice: “la esperanza de una madre nunca muere”. Hace dos décadas, la tercera de sus hijos, de apenas 1 año 5 meses de nacida, fue plagiada desde donde trabajaba. Su constante lucha por encontrarla dio sus frutos hace un año, aunque con un sabor amargo.
Veintidós años y siete meses después de ser arrebatada del amor de Estefanía Jaqueline Buenaño Granda, hoy la lucha de Aída se centra en la aceptación de ella como madre.
En su casa ubicada en el cantón Milagro aún siente la ausencia de su hija, pese a haberla encontrado. Nunca ha recibido una visita de ella y su familia. Han sido contadas las ocasiones en las que ha podido comunicarse y verla.
La última vez que supo de Estefanía fue a través de una llamada telefónica para el Día de la Madre, en mayo. Desde entonces no ha vuelto a saber de ella. En innumerables ocasiones -dice- que ha tratado de contactarla vía celular, pero tampoco ha sido posible.
El calvario de Aída inició en diciembre de 1992, cuando trabajaba como empleada doméstica en una hacienda de la parroquia Roberto Astudillo, sector Venecia central del cantón Milagro. Un día salió de compras por disposición de su patrona. Al regresar, la tercera de sus tres hijos no estaba en la casa que ocupaban.
Desde entonces, la madre inició un largo recorrido para encontrar a su prole, que la llevó -incluso- a dormir en las calles de Guayaquil, adonde la llevaron las pistas que seguía.
Su búsqueda culminó el 1 de julio de 2015. La Fiscalía y la Policía hicieron posible el reencuentro, dejando atrás más de dos décadas de angustia.
Pero Estefanía ya no era la misma. Había crecido bajo el cuidado de una pareja de esposos (profesores ahora jubilados), que la acogieron y la inscribieron en el Registro Civil de Guayaquil como su hija, con otros nombres y apellidos.
El paso del tiempo convirtió a la pequeña en una mujer de 24 años, profesional, casada y con hijos. Pero, desde los 15 años, se dio cuenta que no podía ser hija de quienes decían ser sus padres, por sus condiciones étnicas, según salió a relucir en una audiencia de juicio. La pareja habría aceptado que no eran sus progenitores biológicos, pero nunca le supieron indicar quién era su verdadera madre y que su identidad era falsa.
Una filiación que ha quedado anulada tras la sentencia que emitió el Tribunal Décimo Cuarto de Garantías Penales del cantón Milagro, en contra de una de las personas que habría plagiado a la ahora joven.
El fiscal Édison Daquilema, quien investigó el caso, confirmó que el procesado fue condenado a dos años de prisión.
Los jueces declararon la nulidad de la partida de nacimiento que le dio otra identidad a Estefanía, lo que automáticamente anularía también todos los actos legales realizados por ella, incluso de los nietos de Aída.
Este Diario intentó obtener una versión de la joven. Vía telefónica, su padre adoptivo indicó que no darían entrevista. Sin embargo, dejó claro la supuesta decisión de su ‘hija’ de no querer retomar su identidad original. “Nadie la puede obligar...”, arguyó.
Trece meses después de reencontrar a su hija, los ojos de Aída siguen llenándose de lágrimas. La sentencia no pudo restituirle el amor de Estefanía.