Adios a las armas de la administracion Trump

De tanto en tanto, un líder político estadounidense llega a El Cairo a pronunciar un discurso delineando los objetivos políticos de Estados Unidos en el siempre cambiante Oriente Medio. En junio de 2005 la secretaria de Estado Condoleezza Rice con su discurso colocó firmemente en la agenda la promoción de la libertad y la democracia. Una cantidad de líderes regionales se sintieron visiblemente incómodos con el discurso, teniendo en cuenta que se daba apenas dos años después de la invasión norteamericana a Irak. Pero Rice también hablaba con base en el Informe de Desarrollo Humano Árabe de 2002, que resaltaba las condiciones miserables de la región. Cuatro años más tarde, el electo presidente Obama se dirigió a El Cairo y en su discurso restó importancia a la promoción de la democracia, enfatizando la necesidad de una relación más armoniosa entre EE. UU. y el mundo musulmán, e instando a la resolución de los conflictos regionales. Sobre la cuestión palestino-israelí, el discurso de Rice abrazó una “visión de dos Estados democráticos conviviendo en paz y seguridad”. Obama calificó la situación palestina de “intolerable” y criticó duramente las actividades de Israel en los asentamientos. Para él este conflicto no resuelto planteaba el segundo mayor peligro para la región, después del “extremismo violento”. Luego llegó el programa nuclear de Irán y la amenaza de una carrera armamentista regional, seguida de la ausencia de democracia, falta de libertad religiosa y subdesarrollo económico. Avizoraba “un mundo donde israelíes y palestinos estén a salvo en un Estado propio...”. Pero no fue así. Se puede debatir si las palabras de Rice o de Obama tuvieron que ver en la Primavera Árabe de 2011, que comenzó en Túnez y encontró hogar simbólico en El Cairo. Pero es claro que quienes tomaron las calles para exigir democracia y un gobierno representativo tenían genuinas esperanzas para el futuro. Una vez más, no sería el caso. En casi todos los países donde la gente se movilizó para reclamar una reforma política y económica, el resultado fue contrarrevolución, represión y en Siria guerra civil. El actual secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, dejó en claro en El Cairo que la estrategia de la administración Trump para la región representa un marcado alejamiento de la de sus antecesores: la política estadounidense se centraría exclusivamente en destruir los dos males de Oriente Medio: el “islam radical” y la “ola de destrucción regional y campañas globales de terror de Irán”. A decir de Pompeo, Irán es la causa de todos los problemas en la región. Mas, el régimen iraní no tiene nada que ver con la brutal represión en Egipto, las serias cuestiones estructurales en Arabia Saudita o el estancamiento palestino-israelí. Es un enemigo declarado de Estado Islámico (EI) y ha comprometido recursos para esa lucha. La administración Trump ignora la actual escalada de tensiones en toda la región y la está respaldando activamente. En ausencia de liderazgo estadounidense, Europa necesita su propia política para preservar el acuerdo nuclear iraní y promover una solución de dos Estados del conflicto palestino-israelí. Pero la UE debe traducir estas prioridades en una visión integral de reforma y reconciliación para toda la región.