Acuerdo con las FARC

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Acuerdo con las FARC

Desde mi columna escribí que los procesos de paz requieren líderes que con valentía acepten el riesgo, de profesionales para implementar la tarea y de un pueblo que asimile los costos con una actitud madura y reconciliadora, alcanzada por la intensidad del conflicto. Para esto se necesitaba comunicar con transparencia y objetividad los avances y compromisos logrados en las negociaciones.

Ahora, ya firmados los acuerdos, la mayoría de colombianos votó “NO” en el referéndum aprobatorio, pero eso no significa que no quieran la paz; la lectura es que NO quieren impunidad, entreguismo, discrimen y prebendas. Por informes de medios e internet, se tiene noticia de que el Estado colombiano concedería a las FARC, entre otras cosas: 10 curules a dedo, 5 en el Senado y 5 en la Cámara, de manera directa, sin elecciones, y 16 curules indirectas correspondientes a las Circunscripciones de Paz, en las que solo podrán participar habitantes de las zonas controladas por las FARC.

Recibirían 7 mil millones de pesos anuales por 10 años y 620 mil mensuales por cada guerrillero desmovilizado, más 2 millones de gastos personales y 8 millones para cualquier proyecto. Cada comandante recibiría sueldo especial y así por escalafón, hasta llegar al secretariado de las FARC, quienes ingresarían al Congreso con sueldos de congresista, con voz pero sin voto y a partir del 2018 como congresistas, por dos períodos seguidos. Se les concedería un canal de televisión con 24 horas de transmisión, para difundir sus políticas (adoctrinamiento) y un cuerpo especial de seguridad para desmovilizados, con carros blindados y armas suministradas por el Estado, dirigidos por los mismos exguerrilleros. No habría sanciones ni cárcel por sus delitos, sin importar su gravedad; solo tenían que confesarlos y no recibirían condena, además de liberar a todos los guerrilleros presos.

Cualquier precio es poco para la paz, pero este debe ser lógico, razonable y justo, cualidades que no reuniría el acuerdo firmado, causa por la que los colombianos consideran demasiado el costo asumido, diciéndole NO al espurio acuerdo.

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