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Y nosotros cuando

En las últimas entregas hemos hablado mucho de cambios: su necesidad, su urgencia, a fin de preparar gente capaz de habitar en el siglo XXI, y es entonces cuando la pregunta cae por su peso: ¿cuándo el Ecuador va a cambiar su forma de educar?, ¿Cuándo va a dejar el totalitarismo dogmático impreso en disposiciones, acuerdos, reglamentos, etc., para hacer cambios reales y buenos en la educación?

Más allá de “regular” la tarea escolar, de atender el peso de la mochila y de haber dispuesto ciertas normas para la contratación profesoral, impulsado todo lo último por el llamado acoso o abuso, tenemos que decir que los cambios fundamentales trascendentes que necesitamos no se han dado. En diecisiete meses transcurridos de gobierno, pese a los ofrecimientos, a los encuentros, a los llamados consensos, ni una coma ha sido movida del Reglamento General de la Ley de Educación ni de los acuerdos que robotizan al docente, que convierten a la educación en desierto de evidencias y procesos y que, embozados, apuntan y buscan el deterioro de la educación particular.

Ya es tiempo de que se abran las puertas para el cambio y, aprovechando el momento en que se va a reformar una vez más la Ley de Educación, pensar en futuro y dejar la arcaica etapa del centralismo concentrador que dirige y dispone hasta el pensamiento del profesor en el aula.

El currículo único, el bachillerato único, el libro único, siguen siendo lo esencial, resguardado por un sinfín de disposiciones y regulaciones que los protegen, sin que nadie haga nada por echar abajo tanta absurda como injusta regulación.

Con la educación pública entregada sin autoridad al vandalismo y al temor; con la educación privada irrespetada en esencia por disposiciones que rigen su organización interna y menguada en su existencia por la complicidad de un Estado que incita al no pago, el destino de nuestra educación no es de buen augurio si no se tiene el coraje de enfrentar el futuro al margen de posturas ideológicas y políticas y, con practicidad, enfrentar el reto de educar bien para el siglo XXI, que reclama inteligencia y capacidad.