ANÁLISIS
Seccionales 2026: Guayaquil escogerá alcalde, pero también su distancia del Gobierno central
¿Cuán independiente, distante o cercano sería Guayaquil frente al Gobierno? Las candidaturas de Viteri, Roche, Ycaza y Luzárraga ofrecen respuestas distintas

La Alcaldía de Guayaquil es ocupada por la alcaldesa subrogante, Tatiana Coronel.
Lo que debes saber
- Tras 47 años de autonomía, Guayaquil debate si elige un alcalde afín al Gobierno central.
- Ocho candidatos disputan el sillón municipal ante un vacío de poder y un electorado fragmentado.
- El próximo alcalde de Guayaquil podría asumir con menos del 35 % de los votos válidos.
Por primera vez desde 1979, la ciudad podría tener un alcalde del partido del presidente. Bastaría con que el nivel de conocimiento pese más que la tradición.
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Desde el retorno a la democracia, ningún alcalde de Guayaquil ha pertenecido al partido del presidente de turno. Abdalá Bucaram fue alcalde bajo Febres-Cordero; Nebot convivió con cuatro presidentes distintos; Viteri con dos; Álvarez con Noboa. No hay que leerlo como oposición al Gobierno de turno, sino como una ciudad que resuelve aparte lo local. Guayaquil aprendió a recibir del centro sin pertenecer al centro.
A la ciudad actualmente la gobierna una alcaldesa subrogante. El vacío, además de exponerse en el cargo, es también de titular, de partido y de sucesión, los tres a la vez. Y sobre ese hueco se ordenan ocho candidaturas que conviene leer por lo que cada una gana y pierde al competir así.

Cynthia Viteri se mudó a ADN, pese a que se había presentado como precandidata de Centro Democrático para la Alcaldía de Guayaquil.
Viteri y Roche: la disputa por el voto conservador y la identidad socialcristiana
Cynthia Viteri es quien, posiblemente, llega con mayor nivel de conocimiento y eso es relevante en una elección de tiempos acelerados. Encarna la restauración por vía ajena. Ya gobernó la ciudad y llega con el respaldo del Gobierno, pero carga una derrota reciente y participa en una lista que Guayaquil castigó en el referendo del 2025. Andrés Roche aspira a la Alcaldía, pero también a que el PSC siga vigente. Es quien más ha trabajado de forma coherente los vectores de identidad-imagen. Y al denunciar el 1 de septiembre el congelamiento de sus cuentas convirtió una crisis en visibilidad, al punto de que hasta candidaturas rivales salieron a respaldarlo y su nombre terminó circulando en los espacios de la competencia.
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Ycaza y Luzárraga: la fragmentación del electorado de izquierda y el correísmo
Fiorella Ycaza sustituye un liderazgo que no se transmite por partido sino por vínculo personal, es decir, no encabeza un liderazgo, lo representa. No compite para reemplazar a alguien; compite para que ese alguien no sea reemplazado. Mónica Luzárraga disputa una izquierda no subordinada al correísmo, no le debe la candidatura a un proyecto superior a ella. Sin embargo, la misma autonomía que la distingue, podría dejarla sin la maquinaria que sí tienen los otros tres. A estos nombres se suman cuatro candidaturas con escaso nivel de conocimiento y que provienen de organizaciones que hoy tienen poca estructura en la ciudad y para las que aparecer en la papeleta ya es, en sí mismo, un resultado.

Andrés Roche, candidato por el Partido Social Cristiano, denunció el congelamiento de las cuentas bancarias de sus empresas.
Pugnas ideológicas y polarización del electorado guayaquileño
Viteri y Roche se pelean un mismo electorado, más amplio que el socialcristiano y más difícil de nombrar. Es urbano, conservador y definido sobre todo por lo que rechaza. Dentro de él conviven el que vota por eficacia y mide a un alcalde por obra visible, y el que vota por identidad y sigue leyendo a la ciudad en clave socialcristiana. Al primero, Viteri le habla desde el futuro, prometiendo el apoyo que este gobierno podría facilitarle; y Roche desde el pasado, ofreciendo repetir un modelo que la ciudad ya vio funcionar. El segundo tiende a quedarse con Roche, porque Viteri, al competir con la marca del Gobierno, le entrega la bandera autonomista sin pelearla.
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Ycaza y Luzárraga se disputan el voto correísta, y ni siquiera del todo. Hay un correísmo vertical y doctrinario, que vota por instrucción; y ese no se mueve de Ycaza. Y hay uno nostálgico, el que recuerda una época de presencia estatal y hoy no se reconoce ni en un aparato judicializado, ni en una lista prestada, y ese sí podría irse con Luzárraga.
Lo que Ycaza tiene aparte, y Luzárraga no le disputa, es el aquilismo, una causa que hoy admite matices, carece de partido propio y podría aún no estar estructurada desde la solidez identitaria. Lo que para Ycaza es más difícil disputar, y se vuelve capitalizable para Luzárraga, es el apoyo de una izquierda defraudada por las corrientes clásicas populistas.

La abogada Mónica Luzárraga rompió con el Partido Socialista Ecuatoriano y se postuló por la alianza entre Unidad Popular y Pachakutik.
Autonomía municipal frente a Carondelet y proyecciones electorales
¿Cuán independiente, distante o cercano sería el cabildo frente al Gobierno Central? Ahí, estas cuatro candidaturas ofrecen respuestas distintas. Dos de ellas podrían quedar supeditadas al poder central por vías opuestas; una por la organización que la postula y que le es ajena; y otra por factores que exceden lo electoral.
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Una tercera reclama la autonomía en su versión más clásica y conservadora. Y hay una cuarta que plantea una independencia que busca no deberle nada a ninguna maquinaria. Vale preguntarse entonces cuál de estas candidaturas se parece más a la ciudad que lleva 47 años eligiendo de manera no coincidente con lo que gobierna en Carondelet.
En 2023 Álvarez ganó con el 39,84 % frente al 30,33 % de Viteri, y unos 200.000 guayaquileños votaron nulo o blanco, mientras otros 305.000 no fueron a las urnas. El próximo alcalde puede llegar con menos del 35 % de los votos válidos. Esto plantea la hipótesis de que el nuevo burgomaestre de la urbe podría asumir el cargo sin la votación de la mayoría de los guayaquileños empadronados.