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Diario Expreso Ecuador

Las mil y una vidas de mi abuela Flor

La fascinante vida de Flor Villagómez Yépez, una ecuatoriana de casi 90 años que recorrió el mundo, inspira sobre el valor de la familia y la educación

Flor Villagómez Yépez ha tenido la dicha de vivir lo que solo imaginamos en las grandes novelas de la época.

Flor Villagómez Yépez ha tenido la dicha de vivir lo que solo imaginamos en las grandes novelas de la época.Archivo Expreso

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Pocos tienen la suerte de, a sus 41 años, aún tener abuelos. Mi suerte es no solo tener a mi abuela, sino disfrutarla, honrarla y que mis hijos la vivan también. A sus casi 90 años, Flor Villagómez Yépez recuerda todas sus vidas. Ella, sin duda, las ha vivido todas. Florcita ha tenido la dicha de vivir lo que solo imaginamos en las grandes novelas de la época. Gracias a que su papá, Jorge Villagómez, fue embajador, viajó desde chica por el mundo. Cuenta que desde los 10 años ya se había subido en un avión de Panagra para visitar Nueva York, algo muy inusual para niños de la época. Poco después se fue a vivir a Ciudad de México, donde su papá ejerció como embajador del Ecuador. Su siguiente parada fue Cuba. “Esa fue, sin duda, la época dorada”; cuenta que La Habana era un lugar mágico, con Tropicana y las fiestas. No había mejor lugar en el mundo.

Resiliencia, familia y memoria

Pocos años después, su padre quería que su hija dominara el inglés y la mandó a un internado a Estados Unidos, donde, con la educación de las monjas ursulinas, vivió una experiencia que ella recuerda como transformadora. Poco antes de cumplir 18 años, Flor y sus padres viajaron un año por Europa, con el único fin de conocer y culturizarse. París, Madrid y Egipto fueron los destinos, llenos de museos, teatros y profundas conversaciones. Cuando volvió a Quito, fue un ‘shock’ cultural: había bailado cada ritmo, desde el chachachá hasta el vals, y hablaba tres idiomas; lo que ella había visto era de otro mundo. Poco después se casó, fue madre muy joven y por eso hoy es bisabuela de 14 bisnietos, de los que disfruta y a quienes quiere mucho. Su vida, como todas, también ha tenido desafíos, incluso dos diagnósticos de cáncer, pero nada ha detenido a esta luchadora que sigue viendo la vida adelante. “He tenido una gran vida”, suspira con nostalgia, mientras recuerda a sus padres con gratitud. Le converso de temas espaciales y de inteligencia artificial, y ella piensa que no se cree todo lo que el mundo ha cambiado en solo 90 años, y ella lo ha vivido todo. ¡Qué afortunada soy de conocer su historia y valorar el tesoro que es recibir educación! Quizás es lo único que no ha cambiado.

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