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Diario Expreso Ecuador

Mamá nunca se va

La enseñanza de una madre puede cambiarlo todo: políticos revelan la raíz de sus convicciones

Políticos ecuatorianos revelan los valores, consejos y lecciones heredadas de sus madres que hoy influyen en su forma de liderar y entender el servicio público

Wilson Merino, Marta Roldós y Giovanny Villamar revelan el legado de sus madres en política.

Wilson Merino, Marta Roldós y Giovanny Villamar revelan el legado de sus madres en política.Miguel Rodríguez / Expreso

Gabriela Alejandra Echeverria Vásquez

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Lo que debes saber

  • Wilson Merino, Marta Roldós y Giovanny Villamar revelan el legado de sus madres en política.
  • Coinciden en que las enseñanzas maternas —como la ética, la resiliencia y el servicio— siguen guiando sus decisiones personales y profesionales.
  • Este es un especial por el Día de la Madre que muestra cómo la presencia de mamá no desaparece, sino que se transforma en una guía constante en la vida y el trabajo.

Antes de cualquier decisión pública o postura, hubo una formación íntima: la que se construye en casa. En ese espacio cotidiano se aprenden principios que no siempre se explican, pero que terminan definiendo el carácter: decir la verdad, sostener la palabra, respetar a los demás, ser constantes y entender que ayudar también es una forma de trascender.

Esa influencia no se queda en el recuerdo. Se integra en la manera de actuar, en cómo se enfrentan los problemas y en las decisiones que se toman incluso sin pensarlo. No es una carga del pasado, sino una referencia activa que ordena y orienta.

En el marco del Día de la Madre, figuras públicas ecuatorianas como Wilson Merino, Martha Roldós y Giovanny Villamar reconstruyen esa presencia desde su experiencia. Sus testimonios muestran cómo ese aprendizaje temprano sigue operando en su vida personal y profesional, moldeando su forma de liderar y de entender el servicio.

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Wilson Merino: la madre que convirtió el dolor en servicio 

Del legado de mamá, Wilson Merino creó la Fundación Cecilia Aruaneira.

Del legado de mamá, Wilson Merino creó la Fundación Cecilia Aruaneira.Cortesía

“Mi madre me enseñó que servir a quienes más lo necesitan siempre trae recompensas que llegan solas”

Hay madres que dejan recuerdos. Otras dejan rumbo. En la vida pública de Wilson Merino, concejal del Municipio de Quito, su madre no es solo memoria familiar: es una presencia que sigue marcando decisiones, causas y la manera en que entiende la política como un acto de servicio.

Habla de ella con admiración serena, sin detenerse en la ausencia, sino en la fuerza de lo sembrado. "Una mujer extraordinaria: abogada, notaria, una profesional brillante y, sobre todo, profundamente humana", agrega.

Una mujer que conoció la dificultad de cerca, que levantó sola a tres hijos, terminó su carrera, construyó una trayectoria destacada y nunca perdió la sensibilidad hacia quienes más necesitaban una mano.

Hay un momento que cambió todo

Cuando falleció, hace más de dos décadas, su historia no terminó. Se transformó. De ese legado nació la Fundación Cecilia Aruaneira, una obra que desde entonces ha acompañado a miles de familias golpeadas por el cáncer en Ecuador. 

Hay una escena que lleva grabada: "un día, años después de su partida, un hombre llegó a buscarme. Me dijo que había conocido a mi madre cuando acudió a ella en busca de ayuda. Más allá del apoyo que recibió, recordaba cómo hablaba de sus hijos, de nuestros sueños y de lo que esperaba para nosotros. Vino solo a darme el pésame y a decirme quién había sido ella en su vida", cuenta. 

En esa idea —simple y poderosa— Wilson Merino ha construido buena parte de su camino: primero desde la acción social, luego desde la política, siempre con la convicción de que transformar una comunidad exige constancia, empatía y carácter. El mismo carácter que él recuerda en su madre: amorosa con los suyos, feroz para defender lo justo.

Wilson Merino camina en la política con el legado de su madre.

Wilson Merino camina en la política con el legado de su madre.Cortesía

Martha Roldós: el legado de una madre que enseñó a hacer política con corazón

Hay enseñanzas que no llegan en forma de consejo, sino de ejemplo. Se cuelan en la infancia, toman forma en los años y terminan convirtiéndose en una manera de estar en el mundo. 

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Para Marta Roldós, la huella de su madre no es un recuerdo inmóvil: es una presencia viva que sigue marcando su ética, su mirada social y su forma de entender el poder.

“Mi mamá y mi papá nos empujaron a vivir con un fuerte sentido de la ética y del compromiso”, recuerda. “Creo que mis hermanos y yo, cada uno desde su ámbito, hemos seguido ese llamado: vivir vidas éticas, comprometidas con algo más grande que uno mismo”.

La huella de su madre no es un recuerdo inmóvil

La huella de su madre no es un recuerdo inmóvilCortesía

Yo oía hablar de independencia, de igualdad, de autonomía"

En su memoria hay un momento que explica mucho de la mujer en la que se convirtió. Tenía apenas 10 años cuando su madre —abogada, activa en la defensa de derechos y convencida de la igualdad— la llevaba a reuniones de mujeres juristas en Guayaquil, en la antesala del Año Internacional de la Mujer, en 1975.

Sentada en silencio, escuchaba debates sobre leyes discriminatorias, autonomía femenina, derechos civiles y la necesidad de que las mujeres reclamaran un lugar propio en la sociedad.

“Yo oía hablar de independencia, de igualdad, de autonomía… y eso me marcó profundamente”, cuenta. “Recuerdo que, de niña, el peor insulto que podía decirle a alguien era ‘machista’”.

“A la política le hace falta más corazón y menos inmediatez”

Ese fue el punto de partida: entender, desde muy temprano, que la dignidad no se negocia y que la justicia empieza en lo cotidiano.

Pero la herencia de su madre fue mucho más amplia que una conciencia política. Fue también una forma de relacionarse con los demás. Una ética del cuidado. Una convicción sencilla y poderosa: que la calidad humana está por encima del brillo, del cargo o de la vanidad.

“Mi mamá creía profundamente en el amor y en la ternura como forma de escuchar y de resolver las cosas”, dice. “Me enseñó algo que nunca olvidé: nunca se habla mal de nadie, peor de otra mujer”.

Martha Roldós recuerda a su madre con un legado de amor al servicio público.

Martha Roldós recuerda a su madre con un legado de amor al servicio público.EXPRESO

Giovanny Villamar: la voz de su madre que aún guía su forma de servir

Hay madres que dejan consejos; otras dejan una manera de caminar la vida. En el caso de Giovanny Villamar Falcón, la huella de su madre permanece como una guía silenciosa pero firme: una voz interior que aparece cada vez que debe tomar una decisión, liderar un proyecto o pensar en el verdadero sentido del servicio público.

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“Desde siempre entendí que liderar es servir”, dice con convicción. “Mi madre me enseñó que cuando la vida te pone en un cargo público, no es un privilegio; es un deber. Detrás de cada decisión hay rostros, hay familias que muchas veces no tienen lo básico. Esa conciencia me acompaña siempre”.

Su aprendizaje no nació de grandes discursos, sino del ejemplo cotidiano.

La huella de su madre permanece como una guía silenciosa pero firme

La huella de su madre permanece como una guía silenciosa pero firmeCortesía

El momento que marcó su camino

De niño vio a su madre practicar la solidaridad como una rutina silenciosa. No ayudaba para ser vista, ayudaba porque creía que esa era la forma correcta de vivir. Su caridad no era ocasional ni simbólica: estaba en la acción diaria, en tender la mano, en acompañar, en mirar de frente a quienes la sociedad suele ignorar.

Ese ejemplo sembró en Villamar una vocación que con el tiempo tomó forma concreta: trabajar por niños y adolescentes en situación de calle, golpeados por la droga, la exclusión y el abandono.

“Gracias a mi madre entendí que el servicio no puede quedarse en palabras; debe convertirse en acción”, recuerda. “Cada vez que impulso un proyecto social o enfrento una decisión difícil, vuelvo a sus enseñanzas. Su voz sigue ahí, orientando mi camino”.

“Mi madre me enseñó que servir no es ocupar un cargo; es honrar la oportunidad de cambiar vidas.”

Más que memoria, su madre es una presencia constante en su manera de actuar. Está en la disciplina con la que asume sus responsabilidades, en la humildad con la que entiende el liderazgo y en el respeto como base para construir acuerdos.

Tres frases heredadas de ella siguen siendo brújula: “Planifica tu trabajo y trabaja tu plan”, como recordatorio de que la gestión pública necesita orden, constancia y visión. “Desdichado el gorrión que pretenda volar como águila”, para no perder la esencia ni confundir ambición con grandeza.

Y una que resume su forma de relacionarse con los demás: “Aprende a respetar para que te respeten”.

Giovanny Villamar Falcón recuerda el amor por el liderazgo que le transmitió con el ejemplo.

Giovanny Villamar Falcón recuerda el amor por el liderazgo que le transmitió con el ejemplo.Cortesía

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