Proteger a quienes imparten justicia, clave para combatir el crimen organizado en Ecuador
La lucha contra la inseguridad requiere proteger a policías, fiscales, jueces y agentes penitenciarios y fortalecer la justicia

Referencial. Los policías se encuentra en investigación
Cuando un policía se gradúa, conserva intactos su vocación de servicio, patriotismo y deseo de proteger a su país. Sin embargo, con el tiempo descubre que su identidad y la de su familia son vulnerables frente al crimen organizado, que conoce dónde vive y cómo intimidarlo. Lo mismo ocurre con fiscales, jueces y agentes penitenciarios, quienes pueden enfrentar amenazas directas o intentos de soborno.
En muchos casos, actuar con honestidad implica poner en riesgo su propia vida.
El policía también es un ser humano: forma una familia y se vuelve más vulnerable. Además, observa cómo delincuentes capturados en repetidas ocasiones recuperan su libertad por medidas sustitutivas o falta de pruebas, incluso después de que su captura costó la vida o la incapacidad permanente de compañeros. Esa realidad, sumada a las amenazas, termina desgastando su vocación.
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Combatir la impunidad y fortalecer las instituciones
Por ello es indispensable proteger la identidad de los operadores de justicia en expedientes, documentos y publicaciones de prensa, reduciendo los riesgos derivados de su labor.
Mejorar la seguridad ciudadana exige fortalecer las leyes, sancionar con mayor firmeza a quienes cometen delitos graves y evitar la impunidad. También es necesario debatir medidas que impidan que los criminales más peligrosos continúen causando daño a la sociedad.
La familia como base para un mejor país
Al mismo tiempo, debemos proteger a niños y jóvenes de los efectos nocivos del uso excesivo de internet, las redes sociales, la pornografía y la influencia de falsos referentes que deterioran valores, ética y salud física.
La solución no depende únicamente de un gobierno, sino del trabajo coordinado entre las funciones del Estado, los GAD, los ministerios, la prensa y, sobre todo, las familias, mediante una educación y supervisión responsables desde la infancia.
Aspiro y espero un mejor país para todos.
Gunnar Lundh