El desafío universitario tras los resultados de PISA 2025
Los docentes advierten dificultades en lectura y razonamiento. Expertos plantean reforzar competencias. Mantener el rigor académico es otro reto

Estudiantes universitarios enfrentan el reto de fortalecer competencias que debieron consolidarse durante el bachillerato.
Lo que debes saber
- Las brechas educativas no aparecen únicamente al momento de rendir una prueba.
- El ingreso a una carrera puede evidenciar diferencias en las capacidades de los estudiantes.
- La respuesta involucra al sistema educativo, las universidades y las familias.
El problema que hoy muestran las aulas de bachillerato podría no terminar al graduarse los estudiantes. Las dificultades para comprender textos, razonar, resolver problemas y argumentar, que muestra la edición 2025 del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), pueden convertirse en un desafío para las universidades y, posteriormente, para el desempeño profesional.
Política
PISA 2025 Ecuador: expertos proponen cómo recuperar los aprendizajes perdidos
Rosero Mariela
LE PODRÍA INTERESAR LEER: Caso Goleada: ocho procesados apelan la prisión preventiva este 22 de septiembre
Bachilleres llegan con brechas de aprendizaje
Adrián Bonilla, exsecretario nacional de Educación Superior, advierte que los resultados de PISA plantean para las universidades la posibilidad de recibir, en pocos años, estudiantes con un nivel académico elemental. Según explica, las dificultades aparecen en lectura, comprensión, matemáticas y pensamiento abstracto, capacidades indispensables para enfrentar una carrera.
Y es que el problema no se reduce a memorizar contenidos. Daniel Calderón, exministro de Educación, identifica riesgos en la capacidad de interpretar una lectura, articular ideas complejas y relacionar conocimientos de distintas áreas.
Por lo que el impacto comenzaría desde el ingreso a la educación superior. Bonilla señala que, si las evaluaciones de admisión fueran rigurosas, una parte de esos bachilleres tendría dificultades para acceder porque no contaría con las habilidades vitales.
No obstante, ese déficit se trasladaría directamente a las aulas universitarias. Calderón ejemplifica que un futuro profesional debe ser capaz de conectar saberes y comprender cómo diferentes disciplinas se relacionan entre sí para resolver situaciones de su campo.
LE INVITAMOS A LEER: Comisión de la Asamblea pide 10 días más para fiscalizar patrimonios de alcaldes y prefectos
Las dificultades que ya observan las universidades
Mariana Rivera, experta en Educación de la Universidad Internacional del Ecuador, desde ya observa dificultades en los estudiantes que ingresan a las aulas universitarias. Entre ellas menciona problemas para desarrollar pensamiento crítico, comprender lo leído, comunicarse y trabajar en equipo con otras personas.
La experta también identifica debilidades en los niveles de análisis. Según señala, los jóvenes pueden quedarse en la descripción de una situación sin avanzar hacia la interpretación, la búsqueda de alternativas y la elaboración de conclusiones.
Además, los resultados en el área de las ciencias plantean otra dificultad. El exministro advierte que este bajo desempeño también revela problemas para argumentar utilizando fuentes y para determinar si la información empleada es verificable y confiable.
A esto, Roberto Passailaigue, exministro de Educación y canciller de la Universidad Ecotec, agrega que muchos de los jóvenes que ingresan al sistema de educación superior presentan deficiencias en lectura y escritura. Por ello, advierte que, sin una adecuada nivelación, podrían enfrentar dificultades para culminar sus estudios y convertirse en profesionales con una formación deficiente.
Por otro lado, recalca que el problema viene de años atrás y que las recientes evaluaciones vuelven a mostrar las dificultades en los aprendizajes fundamentales. A criterio de Passailaigue, llegar a la universidad sin competencias básicas condiciona el desempeño posterior en las carreras.
El docente universitario tiene ahora el reto de actualizarse y desarrollar nuevas competencias para acompañar a estudiantes que llegan con necesidades formativas.
Cartas de lectores
PISA 2025: la crisis de la educación ecuatoriana exige una reforma profunda
Cartas de lectores
LEA TAMBIÉN: CDH denuncia presunto abuso sexual de militares a mujeres en cárcel de Guayaquil
El reto de nivelar sin bajar el rigor
Es por esto por lo que las universidades ahora deben asumir un esfuerzo adicional. Rivera señala que los docentes necesitan actualizar sus competencias y sus metodologías para acompañar a estudiantes que llegan con necesidades formativas diferentes.
Este escenario, además, abre un dilema para las instituciones. De acuerdo con Bonilla, los centros universitarios podrían rechazar a quienes no alcancen los estándares requeridos o admitirlos y enfrentar la presión social de reducir sus exigencias académicas.
Ese segundo camino tendría consecuencias sobre la formación profesional. El exsecretario nacional de Educación Superior sostiene que disminuir el rigor para incorporar estudiantes que no llegan preparados terminaría afectando la calidad de los profesionales que al final egresen del sistema.
Sin embargo, la respuesta universitaria no debería consistir en reducir las exigencias. Calderón sostiene que bajar el rigor académico comprometería el desarrollo humano y social de quienes cursan la educación superior, cuando el objetivo debería ser formar mejores profesionales e investigadores.
El Consejo Nacional de Educación debería convocarse para llegar a un acuerdo nacional que defina qué país queremos y qué tipo de ciudadano se debe formar.
Política
Daniel Noboa reconoce el retroceso en PISA, pero no detalla cómo revertirlo
Flor Layedra Torres
LE PODRÍA INTERESAR: Toques de queda: ¿contención o desplazamiento del crimen?
Una respuesta que debe empezar antes de la universidad
Passailaigue sostiene que las universidades no deberían reducir su rigor académico para compensar las deficiencias con las que llegan los bachilleres. A su criterio, la educación superior debe mantener su papel de formar profesionales con competencias y valores, mientras la responsabilidad de corregir las falencias de aprendizaje corresponde al sistema educativo previo y al Estado.
Una alternativa es fortalecer la articulación entre bachillerato y universidad. Calderón plantea que ambos niveles se sienten a definir cuáles son las expectativas de aprendizaje y cómo enfrentar las brechas sin trasladar todo el problema al siguiente ciclo educativo.
Passailaigue plantea definir qué país quiere construir Ecuador y, a partir de ello, qué ciudadano y profesional necesita formar; lo que implicaría revisar la preparación del docente y la inversión educativa. A su juicio, así se evitaría que las deficiencias educativas terminen afectando la calidad y competitividad del país en la región.
Mientras tanto, Rivera señala que la UIDE ya aplica, desde 2023, cinco materias obligatorias para nivelar competencias, como comprensión lectora y pensamiento crítico, una experiencia que podría ser emulada por otras universidades.