¿Cuánto pesa el anticorreísmo en las elecciones seccionales de Ecuador?
El voto local tendrá otras prioridades. La gestión y la seguridad marcarán las decisiones. Manabí será clave para medir a la RC

La fragmentación del voto será uno de los factores que marcará las elecciones seccionales de Ecuador.
Lo que debes saber
- Las elecciones seccionales ponen a prueba la fuerza territorial de las organizaciones políticas.
- Los resultados de 2023 dejaron un mapa municipal marcado por la diversidad de fuerzas.
- La capacidad de movilización de los partidos será determinante en cada provincia y cantón.
En las elecciones seccionales de 2023, el correísmo ganó terreno, pero no logró concentrar el poder municipal del país, mientras que las fuerzas contrarias a esta corriente tampoco consiguieron aglutinarse en un solo bloque. Esa fragmentación vuelve a poner sobre la mesa una pregunta de cara a los próximos comicios: ¿cuánto puede pesar el anticorreísmo en las urnas y hasta qué punto ese sentimiento favorecerá al oficialismo?
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La Revolución Ciudadana (RC) obtuvo 48 alcaldías en 2023, alrededor del 22 % del total nacional, y conquistó dos de las ciudades más importantes del país: Quito y Guayaquil, expone Para Tatiana Quinga, politóloga y coordinadora de monitoreo político de Icare Inteligencia Comunicacional. Sin embargo, el resto de los municipios quedó en manos de distintas organizaciones políticas, incluidas agrupaciones locales.
Para Quinga, los resultados de esos comicios muestran que las dinámicas territoriales tienen un peso determinante. “Hay una fragmentación que no necesariamente está calificada solamente como el anticorreísmo”, señala, al explicar que los liderazgos locales, las alianzas y la gestión municipal inciden en las preferencias de los votantes.
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El peso de la gestión por encima de la ideología
Esa particularidad marca una diferencia frente a las elecciones generales, donde la polarización entre correísmo y anticorreísmo puede convertirse en un factor decisivo, especialmente en una segunda vuelta, explica Andrea Endara, politóloga y coordinadora de Ciencias Políticas de la Universidad Casa Grande. Añade que, en las seccionales, en cambio, la identificación ideológica pierde terreno frente a las expectativas sobre seguridad, servicios públicos, cercanía y capacidad de gestión de los candidatos.
Endara considera que el anticorreísmo funciona como un eje de identidad política, pero no necesariamente define quién ganará una alcaldía o prefectura. “En las seccionales el voto se va por la gestión, por la idea de quién les da más cercanía, más seguridad”, explica.
La dispersión, indica la académica, también se refleja en la oferta electoral, pues el Partido Social Cristiano (PSC), Acción Democrática Nacional (ADN), Avanza y distintas organizaciones locales buscan captar a los votantes que rechazan al correísmo. No obstante, ninguna de estas fuerzas tiene asegurado el respaldo de todo ese electorado, que puede inclinarse por diferentes candidaturas según la realidad de cada territorio.
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Un voto que no pertenece exclusivamente a ADN
El oficialismo buscará convertir el anticorreísmo en una ventaja electoral, en un escenario en el que ADN participará por primera vez en unos comicios seccionales. Para el analista político-electoral Alfredo Espinosa, el Gobierno intenta reunir a sectores que históricamente han rechazado al correísmo, aunque advierte que un eventual triunfo oficialista no necesariamente demostraría que ese bloque se consolidó como una fuerza homogénea.
Quinga coincide en que el rechazo a la RC no implica un respaldo automático al movimiento de Daniel Noboa. “No porque haya un sector anticorreísta en el Ecuador quiere decir que el voto es directamente endosable, en este caso, al oficialismo”, sostiene, al recordar que las alianzas y las preferencias electorales responden también a las particularidades de cada provincia y cantón.
A esto se suma que una parte del electorado anticorreísta tampoco se identifica con el Gobierno. Endara señala que, aunque ADN puede captar una porción de esos votantes, otros pueden optar por fuerzas como el Partido Social Cristiano o por candidaturas locales, especialmente si consideran que esas organizaciones ofrecen mejores respuestas a los problemas de sus ciudades.
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Los resultados del Gobierno, otra variable electoral
Los apagones, la inseguridad y las consecuencias del fenómeno de El Niño podrían profundizar esa distancia entre el anticorreísmo y el oficialismo. Si estos problemas afectan la vida cotidiana de los ciudadanos, el malestar podría traducirse en un voto de castigo contra los candidatos de ADN, sin que eso signifique un traslado automático de esos sufragios hacia la Revolución Ciudadana.
Endara pone como ejemplo a Guayaquil, donde el PSC podría recuperar espacio si una parte de los electores prioriza la experiencia de gestión municipal y la percepción de seguridad. “Si ya eres anticorreísta y los efectos del Niño y los cortes de energía van a hacer que no votes por el Gobierno o por el candidato de Gobierno de manera de castigo, entonces vas a buscar otro de los que se declaran anticorreístas”, explica.
Espinosa, por su parte, considera que los resultados de las seccionales servirán para medir la capacidad del oficialismo de consolidar una estructura territorial con miras a las elecciones nacionales de 2029. No obstante, advierte que los resultados dependerán de varias variables, pues los logros simbólicos (captura del expresidente correísta de la Asamblea Nacional y exministro del Interior, José Serrano) que el Gobierno exhiba frente al correísmo no necesariamente compensarán las deficiencias en servicios públicos, seguridad o libertades.
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Manabí, la prueba de fuego para el correísmo
En ese escenario, Manabí se perfila como uno de los territorios clave para medir la vigencia de la Revolución Ciudadana, incluso sin una candidatura propia a la prefectura, menciona Espinosa. La apuesta por el voto nulo podría convertirse en una demostración de fuerza si consigue reunir el respaldo suficiente para provocar la repetición de los comicios.
Espinosa considera que un eventual triunfo del nulo representaría “la puesta en escena del poder de la vigencia y del poder de la Revolución Ciudadana en la provincia de Manabí”. El resultado tendría un significado especial por tratarse de uno de los principales bastiones históricos del correísmo y de una provincia con un amplio peso electoral.
Más allá de la disputa por una prefectura, el resultado permitirá evaluar si la RC conserva la capacidad de movilizar a su base social y electoral en un escenario adverso. Manabí será, así, una prueba para medir cuánto permanece vigente el correísmo como corriente política y hasta dónde llega su capacidad de convertir esa identidad en una expresión concreta en las urnas.