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Diario Expreso Ecuador

El poder como botín: la política ecuatoriana se devora a su rival

Polarización cambia de escenario. Expertos advierten riesgos para la contienda. Las redes amplifican la confrontación. La disputa alcanza a las instituciones

La disputa política en Ecuador se extiende más allá de las urnas y plantea nuevos desafíos para la competencia electoral.

La disputa política en Ecuador se extiende más allá de las urnas y plantea nuevos desafíos para la competencia electoral.Imagen generada con IA

Flor Layedra
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Lo que debes saber

  • Las elecciones seccionales de 2027 ya están en el horizonte político.
  • Las redes sociales se han convertido en un escenario clave para los enfrentamientos.
  • El rol de las instituciones también genera preocupación entre los analistas.

La política ecuatoriana vuelve a mostrar los dientes. Lo que antes parecía concentrarse en las grandes disputas presidenciales ahora también se hace visible en los territorios, donde candidatos y organizaciones se enfrentan por el control electoral y la supervivencia política.

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Una disputa que viene de lejos

El fenómeno, sin embargo, no es nuevo. Simón Pachano, politólogo y docente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Ecuador, explica que la confrontación política “viene desde hace un buen tiempo” y que alcanzó especial intensidad durante la época del correísmo, cuando la disputa se planteaba en términos de blanco o negro.

Alberto Feijóo, sociólogo y docente de la Universidad Internacional del Ecuador, coincide en que existe una continuidad, aunque advierte un cambio en el escenario. A su juicio, “corresponde un poco al ciclo político”, porque la disputa que antes se enfocaba en las fuerzas que buscaban desplazar al correísmo, ahora gira alrededor de la hegemonía del oficialismo.

En esa transformación, el canibalismo político ya no puede entenderse únicamente como una pelea dentro de una organización. Alfredo Espinosa, analista político y electoral, precisa que reducirlo a grupos que se enfrentan al interior de un partido sería una interpretación limitada, porque también se expresa mediante la polarización y la construcción de identidades políticas negativas.

De hecho, Espinosa explica que esta dinámica puede presentarse entre grupos que, aunque tienen posiciones contrarias, terminan enfrentándose entre sí en lugar de concentrar sus esfuerzos en el adversario común. Así, el antinoboísmo y el anticorreísmo se convierten también en expresiones de una lógica que busca debilitar al otro antes que fortalecer una propuesta propia.

Por otro lado, Manuel Macías, director de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de Guayaquil, evita definir la confrontación como canibalismo. Para él, el conflicto forma parte de la política, pero el problema aparece cuando los adversarios dejan de verse como competidores y son tratados como “enemigos políticos”.

Para Macías, el escenario se ha sofisticado. El experto considera que durante los últimos 10 o 15 años se mantiene la disputa entre correísmo y anticorreísmo, a la que ahora se añade el antinoboísmo, pero con nuevas herramientas como las redes sociales.

Ya no se trata de comerse entre ellos, sino de devorar al otro para quedarse con todo el espacio político.Alberto Feijóo, sociólogo y docente de la UIDE

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Las instituciones entran en juego

En cambio, Espinosa observa una evolución más profunda vinculada con el poder y las instituciones. Desde su lectura, las disputas ya no se limitan a que las fuerzas políticas “se coman entre ellas”, sino que aparecen mecanismos en los que intervienen instituciones estatales y que pueden restringir la competencia.

Ese desplazamiento tiene consecuencias sobre el juego electoral. Espinosa advierte que la judicialización, la justicia penal y electoral, así como las actuaciones de organismos de control, pueden convertirse en herramientas no solo para eliminar competidores, sino para “deglutir a la oposición”, algo que considera preocupante para un régimen que se presenta como democrático.

Para Pachano, no obstante, conviene separar esa utilización de instituciones del concepto de canibalismo político. El politólogo considera que acciones como controles de cuentas, actuaciones del Servicio de Rentas Internas o investigaciones de Fiscalía para inhabilitar competidores corresponden a “otra cosa”: el uso de herramientas desde el Gobierno.

Además, Pachano encuentra una explicación política de mayor alcance. A su juicio, las seccionales funcionan como un trampolín hacia 2029, y el Gobierno busca obtener un buen resultado no solo para controlar territorios, sino para preparar una eventual reelección.

En esa estrategia aparece también la construcción de una estructura partidista que el oficialismo no tenía cuando llegó al poder. Pachano recuerda que Daniel Noboa llegó al Gobierno con un membrete, pero sin un partido consolidado, y que ahora “muchas de estas cosas (decisiones) se explican” por el deseo de forjar una tienda política desde el poder.

La dinámica, además, funciona como un juego en el que cada actor calcula cuánto puede atacar y cuánto puede exponerse, explica Feijóo. Para él, aunque ningún ciudadano declara formalmente que participa en ese juego, “todos sabemos que lo jugamos”, y en el terreno político esa lógica condiciona las decisiones de los actores.

Ya no estamos ante una disputa convencional por el poder, sino ante el exterminio político del otro.Alfredo Espinosa, analista político y electoral

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Cuando competir se vuelve más difícil

Pero el juego tiene reglas que pueden dejar de ser democráticas cuando se restringe la participación. Feijóo advierte que las trabas para competir “coartan un derecho fundamental” porque limitan la posibilidad de participar en los comicios y, con ello, reducen las capacidades de la oposición.

Mientras tanto, el elector también forma parte de este ciclo. Feijóo sostiene que actualmente la ciudadanía responde a una “lógica emergente” en la que la seguridad ocupa el lugar central, por lo que tolera el debilitamiento del sistema de partidos, ya que percibe que existe una promesa de orden.

Esa tolerancia sería como hacerse de la vista gorda. El sociólogo señala que aunque la democracia condena estas prácticas, existe una aceptación porque son justificadas en nombre del orden y la seguridad.

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La ciudadanía también juega

Macías observa el mismo problema desde otra perspectiva: la confrontación agresiva se ha vuelto parte habitual de la política. A su juicio, existe una “normalización” de discursos agresivos, groseros o vulgares porque estrategas y especialistas en marketing consideran que las emociones negativas ayudan a generar viralidad, reconocimiento y adhesiones.

Para Alfredo Espinosa, el desenlace puede ser aun más grave. Él habla de una “necropolítica” y de la normalización de patrones de persecución y violencia desde el poder. Desde su interpretación, el problema ha dejado de ser una disputa convencional por votos, pues ahora se busca el “exterminio” político del otro y se ha aceptado que determinados actores desaparezcan de la competencia.

Antagonismo.

Antagonismo. Para los expertos, la polarización, aunque es más visible en las elecciones presidenciales, también puede expresarse en los comicios locales.
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