Lo que aprendí del activismo
La minería ilegal y el falso activismo ambiental revelan la cara real de la militancia, pues los que sí defienden la naturaleza investigan y actúan en silencio

No verás a los ‘defensores’ del Yasuní decir una palabra sobre el que hoy es el problema ambiental más grave del país: la minería ilegal.
Tenía 25 años cuando llegaron a mis manos los fascinantes libros del investigador Miguel Ángel Cabodevilla sobre la historia de los waorani y los pueblos ocultos en la zona que hoy ocupa el Parque Nacional Yasuní. Dos años antes, una masacre de mujeres y niños en la profundidad de la selva había motivado su crónica El exterminio de los pueblos ocultos. El tema me apasionó tanto que terminó convirtiéndose en mi primer largometraje documental, estrenado en 2007.
Si bien ya sentía fascinación por la selva, involucrarme en sus problemáticas humanas y en sus riquezas naturales provocó en mí una militancia. Recogí firmas para Yasunidos con el fin de impedir la explotación del ITT, me rodeé de amistades con intereses similares, no únicamente respecto al Yasuní, sino también frente a desafíos ambientales que entonces aparecían como amenazas: la minería a gran escala y los conflictos sociales que implica, la contaminación de páramos y fuentes de agua, el tráfico de especies, la deforestación indiscriminada y la lucha de comunidades indígenas que resisten en sus territorios. Terminé haciendo, además, dos documentales más: Secretos del Yasuní y la biografía de Alejandro Labaka.
Quiénes defienden verdaderamente la naturaleza
Producto de esa militancia, he recorrido mi país. He filmado en zonas ‘calientes’, como Río Blanco o Zamora, y conocido lugares simbólicos por su belleza y su resistencia, como Sarayacu. Mi interés, que aún mantengo, fue siempre servir de puente para que quienes vivimos en las ciudades comprendamos mejor la complejidad de los problemas en zonas alejadas y contribuir a despertar interés y conciencia. Esa militancia comenzó a agotarse cuando descubrí que buena parte de las personas que dicen defender causas, en realidad, monetizan sus agendas so pretexto de tragedias ajenas. No verás a los ‘defensores’ del Yasuní decir una palabra sobre el que hoy es el problema ambiental más grave del país: la minería ilegal. La militancia luce hermosa por fuera, pero rara vez es un espacio de soñadores; más bien, suele serlo de dogmáticos, carentes de valores elementales como la consecuencia, el respeto o la disposición permanente a aprender.
El activismo me enseñó que, salvo honrosas excepciones, los mejores defensores de la naturaleza no hacen ruido, no hacen campañas ni buscan reconocimiento. Investigan los problemas, los documentan, diseñan soluciones y las implementan.