Silvia Buendía
Silvia Buendía dejó una huella imborrable por su activismo por la equidad de género y su capacidad para construir consensos por el bien de las mujeres

Silvia Buendía fue un referente de convicción, diálogo y trabajo por la equidad.
Conocí a Silvia Buendía de casualidad en el año 2020. Esa semana se conocieron las cifras de empleo desde que comenzó la pandemia y los resultados eran dramáticos. Pero había algo aún más preocupante y es que la caída no era proporcional para todos, sino que las mujeres habían asumido de forma más severa el golpe pues perdieron puestos en una proporción mayor y un patrón se repetía: familias que escogían cargar toda la responsabilidad de las tareas domésticas, incluyendo la educación virtual, a las madres para que los padres salgan a trabajar.
Ecuador
¿Quién era Silvia Buendía? La activista que convirtió los derechos de las mujeres en su lucha
Redacción Digital
La voz firme y el corazón generoso que le hará falta al país
Con el equipo del MDT habíamos tomado ya la decisión de priorizar políticas para tratar de abrir oportunidades laborales para las mujeres, por lo que, cuando por una afortunada coincidencia la vi esperando en el lobby de un hotel, no dudé en acercarme y contarle del proyecto. En pocos minutos me dio ideas de hacia dónde deberían apuntar las reformas y se comprometió a apoyarlas. Convocó a otras expertas, quienes se sumaron a un equipo diverso de empresarias, líderes comunitarias y abogadas. Maravillosas mujeres de derecha e izquierda, convencidas unas del valor de la libertad económica y otras del rol estatal, pero, sobre todo, ciudadanas dispuestas a arrimar el hombro. Silvia era una mujer de convicciones firmes, construidas desde su inquietud académica y la práctica en defensa de derechos humanos. Sin embargo, pese a su permanente activismo, fue la primera en ceder posiciones y abrir la mirada a lo que señalaban los datos. No hubo, en ninguna de las reuniones que mantuvimos, dejos de prejuicios o señalamientos por pensar diferente, ni tampoco actitudes arrogantes o afán de protagonismo.
Así descubrí a la persona que estaba detrás de las opiniones inteligentes y punzantes porque, más allá de sus estudios y talento, era alguien de buen corazón. Nunca más la volví a ver desde aquella época. Sí cruzamos mensajes algunas veces, casi siempre estando los dos, ideológicamente, en la orilla contraria de algún tema que había generado polémica, dejándome en cada una de ellas enseñanzas y dudas que me obligaban a profundizar mi reflexión.
Le vas a hacer mucha falta al Ecuador, querida Silvia.