Kerala, 1971
Once investigadores analizan un escenario de 4.000 millones de habitantes para 2200 y plantean educación, anticoncepción y límites al consumo

Un estudio plantea que la población mundial podría llegar a 4.000 millones de habitantes en 2200.
Once investigadores acaban de publicar en la revista Sustainable Development un plan para que la población del mundo baje a cuatro mil millones. Hoy somos más de ocho mil trescientos millones. La fecha de llegada es el año 2200.
Ciento setenta y cuatro años. La ciencia puede pensar en esas escalas con naturalidad, la geología y la evolución cuentan en millones. Lo que se rompe está de este lado.
Los titulares lo contaron como un plan para recortar cuatro mil millones de personas. El texto pide menos, que la fecundidad baje donde las mujeres estudian. Eso no lo vuelve cierto, lo vuelve serio, y lo serio se revisa.
Educación y anticoncepción como vías para reducir la fecundidad
Las dos mitades del plan no están escritas igual. Para la fecundidad los autores describen educación y anticoncepción, subrayan que el mecanismo es voluntario y no piden nada que obligue. Para el consumo sí piden lo que obliga, cuotas de extracción y límites a la contaminación, y quieren más de esas medidas. La cifra y el año quedaron del lado de la población. Del lado del consumo no hay tope por persona ni fecha.
El caso que citan es Kerala, fecundidad baja hace tres décadas por educación de las mujeres. El primer campamento de vasectomía se montó ahí décadas antes, en 1971, voluntario, pagando un mes de salario por operarse. El modelo se replicó en toda la India y en 1976, con la Emergencia, dejó de ser voluntario. Seis millones de hombres pobres esterilizados en un año, policías rodeando aldeas para llevárselos sin pedirles permiso.
Buenavida
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Gabriel Cornejo
El riesgo de convertir la educación en una herramienta demográfica
La educación funciona, medio siglo de demografía lo repite, una niña que estudia decide más tarde y decide menos veces. Mi reparo es otro. La escuela de una niña se sostiene sola, se sostiene porque ella tiene derecho a aprender a leer, y atarla a un beneficio demográfico la deja colgando de que ese beneficio siga interesándole a alguien. El día que la curva demográfica aburra a los donantes, la niña seguirá necesitando la escuela y el argumento se habrá ido con ellos.
La mitad con cifra y año ya sabe sobre qué cuerpos se aplica. La otra sigue debiendo su número, cuánta agua y cuánto cobre por persona. Mientras esa cuenta no exista, el ajuste tiene dirección.
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