El Muñeco Gallardo, base y escudo político
La contratación del DT argentino aporta jerarquía y expectativas a la Tri, pero también le da un impulso a Francisco Egas en su posición frente a la FEF

El seleccionador Marcelo Gallardo (i) tuvo una reunión con el presidente Daniel Noboa (d).
Marcelo Gallardo fue presentado en Quito como nuevo técnico de la selección nacional el jueves 17 de septiembre.
Casualmente, el mismo día, la Federación Ecuatoriana de Fútbol envió a la Subsecretaría de Deportes del Ministerio de Educación el pedido de registro del directorio de la institución, producto del proceso electoral del 17 de marzo pasado.
Te invitamos a leer: Chito Vera volvió al triunfo en la UFC con TKO a Charles Jourdain
Al mediodía del viernes se hicieron públicas las fotografías del encuentro entre Gallardo y el presidente Daniel Noboa.
En un restaurante, sin la solemnidad del Salón Amarillo o de cualquier otra vieja dependencia del Palacio de Carondelet, todo fue vestuario informal, ambiente distendido, obsequios y la bendición explícita en el epígrafe de las fotos publicadas en las redes sociales del mandatario: “Todo el país detrás de un mismo objetivo: la Copa América. Bienvenido, Marcelo Gallardo”.
¿Caben dudas de lo que va a pasar en el viceministerio? La lista de Francisco Egas será, finalmente, inscrita para un nuevo periodo al frente de la FEF. Más allá de opiniones jurídicas, de la oposición de LigaPro -hoy silenciosa- y del huérfano reclamo de algún candidato que ni siquiera alcanzó a ser inscrito, los hechos están consumados.
La llegada del técnico multicampeón con River Plate no puede ser entorpecida por lo que crea un subsecretario o, peor, otro funcionario de grado inferior. Sin embargo, Egas debió jugársela a fondo para llegar a este puerto. El análisis de los detalles resulta interesante.
Una jugada política

Marcelo Gallardo inicia su etapa como entrenador de la selección de Ecuador.
El nombre de Marcelo Gallardo es un muro de contención frente a las críticas y los cuestionamientos generalizados que la Federación y su presidente padecen desde hace tiempo, más duros tras la Copa del Mundo.
Un técnico de ese peso específico es capaz de frenar incluso a los más feroces, pues genera adhesión y respeto. ¿Quién, en su sano juicio, puede poner reparos a una dirigencia capaz no solo de hablar de tú a tú con un DT de ese nivel, sino también de contratarlo?
Por eso Egas apareció el domingo pasado, en horas de la noche, con calentador y en la cancha de la Casa de la Selección, para ponerle en el video oficial del arribo de Gallardo su firma como gestor y responsable principal.
Tal cosa se repitió en la presentación oficial junto al argentino. Toda esta figuración resulta inédita, dado que el titular federativo suele ser ajeno al ruido y su actitud a la hora de comunicar es extremadamente discreta.
Pero es fácil entender que esta línea de conducta pública puede variar un poco si de ello depende no solo el cambio de la mala percepción generalizada sobre su gestión -a veces exagerada por cierto sector periodístico-, sino también su supervivencia al frente del organismo por un periodo más.
Egas ha sabido jugar fuerte en los terrenos del poder más alto y, por ahora, saca ventaja.
¿Quién viene?

El entrenador argentino Marcelo Gallardo (i) fue oficializado como seleccionador de la Tri, con un vínculo hasta 2030.
No hay que perder tiempo en enumerar los méritos y la importancia de Gallardo en el fútbol mundial. Su carrera es prestigiosa, rica en títulos y en notoriedad, dueña de uno de los estilos más respetables de la actividad.
Por ese lado, el interés concretado por la FEF tiene un valor puntual que enriquece al fútbol nacional.
Hay algunas reservas que no se pueden ocultar. La más importante no está relacionada precisamente con su perfil, sino con la condición que cualquier entrenador de equipo nacional tiene en la actualidad.
¿Son entrenadores o, simplemente, seleccionadores? Los rigores del calendario actual y las dinámicas de una actividad volcada por completo a priorizar las competencias de clubes impiden procesos continuos en las selecciones nacionales.
¿Cuál puede ser la influencia de Gallardo en el Ecuador de 2026? Más que deportiva, parece anímica. Los jugadores que están en los grandes clubes de Europa ahora alzarán la vista -Édison Méndez dixit- hacia la banca y tendrán a un titán, que ya está de regreso cuando ellos recién corren hacia la meta. Ya no estará alguien de gris y breve trayectoria como Sánchez Bas, sino el Muñeco, el prócer del 9 de diciembre de 2018.
Otra pregunta a plantearse es la del choque entre el DT de club y el DT de selección. Hay gigantes como José Mourinho, Carlos Bianchi o Manuel Pellegrini que nunca dieron ese paso; otros que lo probaron salieron corriendo de las federaciones porque jamás pudieron adaptarse al obvio cambio de ritmo entre la cotidianidad de un club y los tiempos más pausados de un combinado nacional. Gallardo, en Buenos Aires, dijo, entre otras razones, que venía a Ecuador por una “curiosidad”. Pues a ver qué va a hacer para saciarla.
¿Ecuador cambiará dramáticamente y se volverá esa Tri ganadora y avasalladora que la gente espera? Difícilmente. Y eso no depende de Gallardo, de quien se espera que sea el gestor casi mágico del llamado “salto de calidad”, concepto tan vacío como repetitivo, casi convertido ya en un lugar común.
El “salto de calidad” de una selección no depende de la presencia de un técnico, por bueno que sea, sino de la realidad cotidiana que vive el fútbol.
Gallardo, finalmente, escogerá dentro del mismo ámbito que sus antecesores, quienes pudieron llegar hasta donde las falencias aún no resueltas del medio lo permitieron.
Es ese mismo medio el que eleva sus esperanzas hacia linderos que no conocen la realidad cruda y muchas veces paupérrima en que se desenvuelve el fútbol nacional.