Apuestas, juego limpio y conflicto ético en Segunda Categoría
El fútbol enfrenta dilema ético por presencia de casas de apuestas. El caso de Inter de Quito obliga a revisar límites que imponen FIFA y legislación nacional

Deportivo Quito e Inter de Quito se enfrentaron por el campeonato nacional de ascenso a la Serie B.
La posición de las casas de apuestas deportivas es, probablemente, el tema de debate más importante de estas épocas en el fútbol a escala global. Estas empresas manejan una posición financiera y de mercadeo considerable, y con ello se vuelven actores gravitantes en el financiamiento de clubes, ligas e incluso federaciones.
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En la contraparte, sin embargo, está el debate ético, que cuestiona hasta la validez y la legalidad de sus operaciones.
Mientras en Ecuador la LigaPro ha entregado incluso su nombre oficial a una operadora de pronósticos en línea -la misma que también fue, hasta el Mundial, socia comercial de la Federación Ecuatoriana de Fútbol-, hay países como España donde está prohibido que aparezcan como patrocinadores de los clubes y exhiban su marca durante los partidos.
El último episodio de este debate se dio en el inhóspito y telúrico mundo de la Segunda División. Deportivo Quito ve otra vez inútiles sus intentos por volver a Primera, tras derrotas como la que sufrió el último fin de semana frente a Inter de Quito.
Después de la caída, mientras se rumiaba por qué no se puede ascender, surgieron las primeras sospechas sobre quién está detrás del último victimario de la vieja y destartalada Academia.
Tampoco hace falta mucha pesquisa. Inter de Quito apareció este año en la Segunda Categoría de Pichincha, tras tomar el cupo de Señor Montúfar. Los vínculos entre este nuevo equipo y una casa de apuestas local son públicos y evidentes, empezando por los colores -verde y negro- que utilizan en común.
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Para cuestionar la presencia de su rival y buscar su eliminación, en Deportivo Quito recurrieron al Código de Ética de la FIFA. Saludable y llamativa resulta esa revisión, sobre todo porque en este club opera tras las sombras Luis Chiriboga Acosta, suspendido de por vida de toda participación dirigencial por haber sido parte del Fifagate. Ojalá que la sana y respetable cruzada ética de los chullas también tome en cuenta ese aspecto.
¿Qué dice el Código de Ética de la FIFA sobre el tema? El artículo 27 señala, en resumen, que quienes tienen que ver con el fútbol no pueden participar en actividades que impliquen apuestas, pronósticos o juegos de azar. Quien infrinja esa norma puede ser excluido de las actividades deportivas y sancionado con multas.
Una investigación del medio digital Primicias ha evidenciado que la casa de apuestas tomó el control del equipo, según la versión de su anterior regente, el exdelantero Luis Aníbal Chérrez.
No tuvo que erogar grandes sumas ni comprometerse bajo normas rígidas. Simplemente, la empresa pagó un dinero que Señor Montúfar tenía pendiente en la AFNA para poder jugar. Así de sencillo resulta todo en un fútbol tan precario y fuera de todo control.
La misma investigación señala detalles comprometedores entre el club y los dueños de la casa de apuestas. Hay familiares de estos en la directiva registrada en el Viceministerio del Deporte.
La empresa se defiende con el argumento de que solamente es patrocinadora del Inter y de que, de hecho, también lo es de Deportivo Quito, que da muestra sorprendente de compromiso con el juego limpio al dispararse voluntariamente en los pies cuando denuncia a uno de sus sustentos económicos. ¿Es transparencia o, simplemente, torpeza? Dios sabrá.
La legislación local vigente, en el reglamento de la nueva Ley del Deporte, también prohíbe que quienes operen una licencia de casa de apuestas en el país tengan vínculo alguno con una organización deportiva, sea como dirigentes, entrenadores o jugadores.
¿Cuál es el proceso de regularización y adaptación de estas empresas a la norma en curso? Por un principio mínimo de respeto a sus clientes y consumidores es algo que deberían informar.
Un tema de principios

Los chullas denunciaron que Inter de Quito tendría relación con una casa de apuestas.
La denuncia de Deportivo Quito es solamente un alarido de desesperación ante la incapacidad de obtener resultados.
No es un club que precisamente pueda erigirse como ejemplo de juego limpio y de propagación de valores, dada la forma en que ha manejado institucional y jurídicamente desde la época en que algunos de sus dirigentes caían presos por malos manejos.
Eso, sin embargo, es parte de otro análisis. Omitiendo nombres y protagonistas, lo que debe quedar claro es que las casas de apuestas deben tener límites a su presencia en el fútbol, dado el giro de su negocio.
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Es inadmisible que regenten equipos e intervengan en su organización. El conflicto de intereses, tan frecuente en nuestra actividad dirigencial y deportiva, no puede ser más flagrante: el principio universal que persigue la FIFA es el que hay que obedecer.
El control público sobre las casas de apuestas es urgente, y el reglamento de la Ley del Deporte así lo propicia. Todas estas intromisiones -negocios a la criolla, despreocupados del efecto que pueden tener en la actividad- suman y construyen un fútbol caótico, donde el fin parece justificar cualquier medio.
A nombre de generar dinero y de sostener la tan generosamente llamada “industria”, no puede valer todo.