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Diario Expreso Ecuador

Cuidado con el futuro

La deserción escolar amenaza el futuro de Ecuador, pues ha perdido 690.000 alumnos y 7.000 escuelas en 11 años, evidencia de una crisis del sector educativo

Perder 690.000 alumnos en el sistema educativo delata una realidad triste y preocupante: ¿dónde están? ¿Qué se hicieron? ¿A qué se están dedicando?

Perder 690.000 alumnos en el sistema educativo delata una realidad triste y preocupante: ¿dónde están? ¿Qué se hicieron? ¿A qué se están dedicando?Archivo Expreso

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Hace algunas semanas, diario La Hora publicaba y resaltaba el estudio hecho por el economista Luis Tobar Pesantez, docente de la Universidad Salesiana, en el que se devela una triste verdad y, también, ¿por qué no?, una incertidumbre mayor frente al futuro: “En 11 años, el país perdió casi 690.000 estudiantes y cerró más de 7.000 planteles”.

Si esa es nuestra situación actual, ¿qué podemos y debemos hacer para construir la sociedad y la nación que necesitamos, para que el país crezca y se desarrolle como todos queremos? Los datos asustan y no son de juego.

Perder 690.000 alumnos en el sistema educativo delata una realidad triste y preocupante: ¿dónde están? ¿Qué se hicieron? ¿A qué se están dedicando? Preguntas estas que debemos contestarnos para partir de un sólido diagnóstico.

Que se cierren 7.000 planteles educativos y se vea como urgente la construcción de cárceles debe también hacernos pensar en la sociedad en que vivimos, pues es claro que otra vez, no estamos apostando a la educación del ecuatoriano. Acaso, por los motivos de siempre, educar no llama tanto la atención del político como el deslumbrón de inaugurar y dejar su nombre plasmado en obras; pero el sacrificio es grande, pues hipotecamos futuro.

Cómo hacer volver a los estudiantes a las aulas

Podrá decirse que la migración, la baja natalidad, la necesidad de aportar para el hogar, que la captación por parte de entes delincuenciales o, simplemente, la insatisfacción alejan a alumnos del mundo escolar; pero es entonces necesario activar, con fuerza, mecanismos para el retorno a las aulas. Y que no se diga, como alguna dignataria electa afirmó, que es el rigor de la escuela y la incomprensión de no promover a todos sin merecerlo lo que ahuyenta al alumno del colegio.

Condicionar bonos y dádivas a cambio de escolaridad, condicionar subsidios y rebajas a la obligación de que padres respondan al hecho de educar a sus hijos, pueden ser caminos y, además, dar una educación que redima, que dé frutos, que llegue pronto a objetivos de sostenibilidad de ese estudiante que requiere aprender con exigencia, amabilidad y sentido de pertenencia.

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