Editorial | Quito puede recuperarse

El deterioro urbano, la violencia y la parálisis institucional han convertido a la capital en territorio sin dirección clara

Quito atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El deterioro urbano, la violencia en aumento y la parálisis institucional han convertido a la capital en un territorio sin dirección clara. Barrios enteros, o ya han sido tomados por el crimen organizado o empiezan a estarlo; el consumo de drogas se expande desde los alrededores de escuelas y colegios hasta zonas turísticas, y las disputas entre GDO reflejan el avance de estructuras que operan con impunidad.

La movilidad es otro problema crucial: no hay solución para el acceso a los valles, ni avance en proyectos clave que optimicen el tránsito vehicular en toda la ciudad. También se evidencia la creciente inseguridad y la falta de planificación; las iniciativas heredadas están detenidas por mezquindades políticas, mientras Quito se vacía: La Mariscal ya no es residencial y se ha convertido en una zona de consumo de drogas; el Centro Histórico se apaga al caer la noche. Ante este panorama, el Municipio no puede cruzarse de brazos alegando que la seguridad es competencia estatal. Debe ejercer liderazgo y utilizar la tasa de seguridad con sentido estratégico; reactivar zonas abandonadas con planes de vivienda, educar a la población y replantear el modelo de gestión urbana.

Quito puede recuperarse. Pero se requieren decisiones firmes, planificación técnica y voluntad política.