Editorial | Guayaquil atrapada en su propio tráfico

La ciudad se hunde cada día más en el caos vehicular, mientras las autoridades improvisan

El tránsito en Guayaquil ya no es solo un problema: es una muestra evidente de la falta de gestión municipal y del desorden que reina en las calles. Cada año la congestión empeora y, aun así, el Municipio sigue sin ejecutar obras reales que descongestionen la ciudad. Los mismos tramos colapsan día tras día, ante la mirada pasiva de autoridades que prefieren excusas antes que soluciones. Mientras tanto, los agentes de tránsito, lejos de aportar, agravan la situación: cierran vías bajo puentes y en redondeles sin criterio técnico, creando caos donde debería haber mayor fluidez.

Pero la responsabilidad no es solo institucional. Muchos conductores contribuyen al desastre con su indisciplina crónica: se cruzan, bloquean intersecciones, irrespetan señales y convierten cualquier intento de orden en un imposible. Ese mismo desorden es aprovechado por delincuentes que encuentran en los embotellamientos el escenario perfecto para atacar.

Como si la ciudad no tuviera ya suficiente, las autoridades eligieron el Black Friday para realizar un simulacro, demostrando una desconexión alarmante con la realidad. Si noviembre colapsa así, diciembre será un infierno anunciado. El Municipio debe planificar, comunicar y actuar con responsabilidad; y los agentes, servir sin pretextos ni coimas. Guayaquil no puede seguir secuestrada por la improvisación y la indiferencia.