Editoriales

El aire no huele a caramelo

'El malestar por hedores que invaden el ambiente, sobre todo en las noches, es un tema que los ciudadanos ya han reportado varias veces y que no puede seguir sin solución’.

Y no es por lo ocurrido con Barcelona sino por un problema de contaminación que afecta la calidad de vida de habitantes de Guayaquil y Samborondón, que incluso puede llegar a incidir en su salud. Su origen no se ha determinado con exactitud. Los malos olores podrían escapar de las lagunas de oxidación Guayacanes-Samanes, o podrían deberse a la sedimentación de los ríos Daule y Babahoyo, o generarse en las plantas de tratamiento de agua de las ciudadelas ubicadas a lo largo de la vía a Samborondón. Pero lo cierto es que el malestar por hedores que invaden el ambiente, sobre todo en las noches, es un tema que los ciudadanos ya han reportado varias veces y que no puede seguir sin solución.

Urge que las autoridades de los dos cantones involucrados investiguen para determinar con exactitud el origen de los malos olores y trabajen coordinadamente para darle fin. Si el problema es el río, identificar dónde se están haciendo descargas clandestinas que puedan contaminarlo. Si son las plantas de tratamiento de las urbanizaciones, hacer un control periódico estricto y exigir remediación. Y si se debe a las lagunas de oxidación, demandar de la empresa que brinda ese servicio la realización de las adecuaciones que se requieran para eliminar el hedor, con fecha exacta y oportuna.