Columnas

Madre, vida, crisis, pandemia y muerte

Desde los orígenes del mundo, cuando el hombre de Neandertal devino en ‘Homo sapiens’, la mujer, como ser biopsicosocial es dadora-reproductora de vida. Por su vientre las sociedades se multiplican. Los estudios de biólogos, genetistas, antropólogos, sociólogos e historiadores lo demuestran. La sociedad patriarcal, los dogmatismos de machismo y feminismo ortodoxos bloquean e impiden tener una real comprensión del valor histórico, social, antropológico y simbólico de la maternidad. La astucia del capitalismo, la avaricia del mercado, parió el consumismo y creó el Día de las Madres. Así, unos y otros encasillaron la rememoración, homenaje, valor e importancia histórica de las madres al segundo domingo de mayo, cuando la patología frenética de hijos y esposos compran regalos para expiar culpas, indiferencias y abandonos. Ellas siempre estarán más allá de estos falsos significados. La pandemia vino con violencia y terror. Murieron madres, abuelas, esposas, dejándonos con el llanto seco y dolor del alma. Eran doctoras, enfermas, profesoras, policías, empleadas, profesionales, madres sencillas, etc. que mató el COVID. Por eso no repitamos el cuento chino de homenajearlas solo por hoy con las “doras”. Si partieron guardemos el recuerdo eterno de madres guerreras, fuentes de vida, amor y reproductoras de ternura, dedicación y entrega. La crisis las golpeó a ellas y a las familias. Y aunque el bolsillo esté vacío, oremos diciendo: ¡Te agradezco madre. Por ti soy esa persona que aprendió a amar en tu regazo! Recordemos a Rocío Jurado, en letra de Ana Magdalena y Manuel Alejandro: “Algo se me fue contigo, madre,/ algo se me fue prendido, madre,/ en las alas de tu alma, madre,/ o en tu último suspiro, madre,/ esa eterna madrugada, madre,/ algo se me fue contigo, madre./ algo siento que me falta, madre,/ las raíces de mi vida, madre,/ en tu vientre se quedaron, madre,/ en la tierra que tú abonas, madre,/algo mío te acompaña, madre./ Algo se me fue contigo, madre,/ las raíces de mi vida y de mi sangre”. Con JJ cantemos, “Para ti madrecita”. Hoy están en la eternidad mi madre montuvia, suegra, Gaby, la madre y hermana de mi amiga Martha; y millones de anónimas que murieron. Desde ahí nos protegen, son vínculos y símbolos eternos.