La justicia podrida

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La justicia podrida

Mientras no corrijamos ese sistema podrido, sin que el poder de turno le meta mano, seremos una sociedad tan cínica como quienes la dirigen. Con nuestro voto

No se puede perder lo que se no tiene. Hay quienes duermen tranquilos porque no tienen conciencia: pueden robar, traicionar, torturar… y siempre encontrarán en su oscuridad el modo de justificarse. “Lo volvería a hacer”, dicen, sin gota de arrepentimiento.

La reciente libertad del exvicepresidente Jorge Glas o a la visita de amigos que hizo ‘Don Naza’ al Ministerio de Defensa me los recuerda y evidencia el nivel de podredumbre que hemos construido o tolerado. Muchos, tantos. Empezando por los políticos, o sea, esos que están donde están porque no-so-tros los elegimos…

Las triquiñuelas que permitieron la maniobra a favor de Glas son groseras, como para taparse de la vergüenza, pero no el problema de fondo: que mientras tengamos un sistema legal alquilado al poder de turno, no habrá justicia ni sanidad moral. Sistema al que vemos como un adorno y no lo que debería ser: una de las bases que sustentan el imperio de la equidad social.

Esta administración que permitió (con la venia del Gobierno) el esperpento pro-Glas es tan mala como la que se sirvió de una prueba fraguada -el cuaderno de Pamela- para sentenciar con dedicatoria y hasta sin pruebas contundentes; pero no vi ni escuché a muchos, por entonces, gritar al cielo. Y esa, que controló Lenín Moreno, es tan dañina como la que sirvió a Rafael Correa para perseguir a opositores por los ‘delitos’ de pensar distinto o denunciar esa colosal corrupción que es capaz de ver una refinería donde solo hay un terreno aplanado.

La justicia que controlaron históricamente las bandas, perdón, los partidos políticos en el poder, sean conservadores, liberales, demócrata-populares, socialdemócratas, socialcristianos, correístas, morenistas… es y seguirá siendo un remedo atroz de lo que debe ser. Salvo los quijotes que honraron y honran su oficio, allí no hubo ni hay jueces: hay bandoleros con toga, de paso serviles, que sin rubor le besan el anillo, por decir algo, al que le toque ser dueño del paisito.

Mientras no corrijamos ese sistema podrido, sin que el poder de turno le meta mano, seremos una sociedad tan cínica como quienes la dirigen. Con nuestro voto.