Columnas

La calentura no está en las sábanas

"No es el confinamiento lo que nos va a salvar, sino impedir el contagio. He ahí la verdadera lucha"

Al momento de escribir este artículo no se conocen aún los resultados. Si ganó Guillermo Lasso, el país se enrumba por el sendero de la recuperación económica, el respeto a los derechos fundamentales y una democracia real, no ficticia como la que vivimos.

Si -por el contrario- ganó Arauz, nos enfrentamos al regreso de la dictadura y -claro- del dictador. Desde este espacio, seguiré enfrentando a ambos como vengo haciendo hace más de 14 años, hasta que la dictadura (o más probablemente, el dictador) se encarguen de mí. Tal como sucedió con tantos. El tiempo lo dirá.

Hasta que eso pase y sea necesario “cafetearme”, afrontemos otras batallas posibles de ganar. Aquella que el género humano (sí, hay un género humano con dos sexos, y no dos géneros) enfrenta contra la estupidez en el manejo de la pandemia.

Los hechos han demostrado a lo largo y ancho del planeta que no se puede luchar contra la naturaleza humana. El confinamiento no es la solución. La lucha está muy mal orientada dirigiéndola hacia un objetivo equivocado: impedir que las personas salgan. El fin último no es ese, sino impedir el contagio. Y eso solo es posible con el uso adecuado de la mascarilla. Subnormal que no la usa, o que la usa bajo la nariz, (como muchas autoridades en la TV) deben ser -ellos sí- confinados y severamente multados. Y las “cacerías” deben dirigirse a ubicar ese tipo de individuos. Sabido es que la pena tiene un efecto disuasivo. El momento que se empieza a guardar a las personas por 24 horas, luego por 72, y la tercera por una semana, la gente cambia su comportamiento. ¿No hay cárceles? Pues al estadio. Ahí, aguantando sol durante un día, hasta un lelo escarmienta.

Lo que nos está matando no es salir, sino contagiarnos. Y nos contagiamos más si todos vamos hacinados en la metrovía, durante menor tiempo de circulación. Y si los patios de comida siguen permitiendo que la gente se aglomere sin mascarillas. 2 metros es la distancia mínima. Eso es lo que hay que controlar.

No es el confinamiento lo que nos va a salvar, sino impedir el contagio. He ahí la verdadera lucha.