Columnas

No diga más ‘caiga quien caiga’

Y por favor, deje usted de decir “caiga quien caiga”, que insulta a nuestra inteligencia.

Señor presidente: de corazón uno quisiera apoyar a su gobierno en esta emergencia. Dejarse convencer por las voces que llaman a la unidad, tan necesaria en tiempos de crisis, y postergar la suspicacia política para más tarde. Acoger su plan de emergencia económica, que no será perfecto pero es un buen punto de partida, y aportar con lo que haga falta. Impuestos, contribuciones solidarias, llámelas como quiera. Hay gente que la está pasando peor que uno. Siempre la hay. Pero ante las noticias diarias de corrupción en los hospitales públicos, en la seguridad social, en los ministerios, en las secretarías de a perro que se resiste usted a eliminar y en las que no se cansa de designar secretarios más de a perro todavía, ante esas noticias, ¿quién puede culpar a aquellos que se niegan a pagar un centavo más de impuestos? ¿Los culpa usted?

Acaba de perder, en plena emergencia sanitaria, a su secretaria de Gestión de Riesgos, salpicada en un escándalo de corrupción. ¿Y a quién ha puesto para reemplazarla? A un personaje públicamente conocido por pertenecer al círculo de sentenciados en el Caso Sobornos, amigo y fanático seguidor de Rafael Correa, amigo de María Duarte, amigo de Viviana Bonilla, candidato a concejal de Guayaquil, con ella, en una campaña financiada ilegalmente por contratistas del Estado, según se demostró en los tribunales. Luego sale usted en sus cadenas de televisión, transmitidas desde un salón cualquiera de Carondelet que pretende usted hacer pasar como “la sala de operaciones” contra la pandemia (porque hasta en lo pequeño, hasta en los detalles nos mete usted gato por liebre) y dice “caiga quien caiga”. ¿Será consciente usted, señor presidente, pues no es tonto, de que nadie le cree una palabra?, ¿o no?

Rommel Salazar, secretario de Gestión de Riesgos. ¿Sí se da cuenta de la dimensión de lo que está haciendo? Digamos que, por un momento, le podemos perdonar lo correísta. Después de todo, el pecado del nuevo funcionario es su mismo pecado, señor presidente: haber pertenecido al mismo círculo al que, con no menos convicción y aspaviento, perteneció usted. Pero ¿tendría usted la bondad de explicarnos cuáles son las calificaciones que vio en este correísta para entregarle un cargo tan rigurosamente técnico como el que le ha dado? Ha dicho tantas veces usted que esto es una guerra. Una guerra sin cuartel. Imaginemos que lo sea. Una guerra real, con ejércitos reales, con bombardeos, con invasiones. Digamos que estamos en guerra contra Colombia, contra Perú, contra el terrorismo internacional, elija usted. ¿Nombraría como ministro de Defensa a Tico Tico?

Rommel Salazar puede ser un desconocido para el país pero hay algo de él que sabe todo el mundo. Lo sabe usted, lo sabe él mismo, lo sabe la opinión pública: Rommel Salazar no es, ni remotamente, un conocedor de la gestión de riesgos. Estamos en guerra, ha dicho usted, una guerra sanitaria. Y la Secretaría de Gestión de Riesgos, por su naturaleza, se supone que se encuentre en la primera línea del combate. ¿O no es así y no sirve, por tanto, para nada? ¿O no es así y debiera usted eliminarla, como eliminó a la Secretaría Técnica de Límites Internos?

Señor presidente: si la Secretaría de Gestión de Riesgos la puede ocupar cualquiera; si los escándalos diarios de corrupción no son argumento suficiente para esperar que elija usted funcionarios públicos libres de toda sospecha; si, en fin, se lo toma usted todo tan a la ligera, no cuente con nosotros. Y por favor, deje usted de decir “caiga quien caiga”, que insulta a nuestra inteligencia.