Columnas

Arte urbano

"...Pero mal, muy mal que los artistas, en su mayor parte, reciban remuneraciones de obreros tercerizados"

El arte de gobernar es hacer muchas cosas al mismo tiempo y hacerlas bien, porque rectificarlas cuesta mucho y a veces no es posible. Bien que la Municipalidad de Guayaquil haya vuelto los ojos al arte urbano, dándole espacio, estimulando la obra de sus artistas, en especial en murales, ampliando los dominios del arte. Pero mal, muy mal que los artistas, en su mayor parte, reciban remuneraciones de obreros tercerizados. O que los murales se acumulen en lugares ya regenerados por la administración anterior, el sector de la calle Panamá, y se olviden de otros antiguos barrios como el Garay, a cuyo pedido se ha hecho hasta hoy oídos sordos. 

Guayaquil es Guayaquil del centro a la periferia, por todos los costados. La Dra. María Fernanda López, catedrática en el posgrado de la Universidad de las Artes y de procesos curatoriales contemporáneos, explica con un ejemplo: “El proyecto de la calle Panamá designa a una curadora que, a su vez, nombra a artistas que contratan a productoras. Estas últimas son las que llaman a los verdaderos autores, artistas urbanos y grafiteros. Es una cadena de precarización del trabajo artístico. 

El Municipio discrimina mucho el arte urbano, prefiere el arte aniñado. La verdad, no me asombra. La gente que contratan no valora el arte real. Ni siquiera remuneran lo que es. Es frustrante”. Hay contadas excepciones, desde luego, como el mural Nuestro Sol, de Peter Mussfeldt, el gran artista alemán residente en Guayaquil. 

Se ha llegado a emular aún el manifiesto del grafiti en el proyecto Letras vivas, con versos de autoras que ni siquiera han sido consultadas, como lo expresó la poeta Andrea Crespo. Sin embargo hay artistas o productoras a quienes les ha ido muy bien. 

Según reporte de este diario, a Victoria Bastidas la Empresa de Turismo le ha adjudicado dos obras: Homenaje a los caídos, en la Plaza Colón, de $ 210.000, y el monumento al Bicentenario de la Independencia de Guayaquil, que con infraestructura y demás alcanza a $ 1,4 millones. 

Juan Pablo Toral ha pintado paredes enteras, la más reciente, un mural a los héroes de la lucha contra la pandemia, valorado en $ 175.000. Y tuvo a cargo los murales Esplendor del cacao, Registros 1900 y Esplendor del Cacao, Registro urbano, por $ 64.350 y $ 43.920, todos contratadas en 2020.