No caiga en la tentación

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No caiga en la tentación

Repita conmigo, todos los seres humanos nacemos iguales en dignidad y derechos

La Real Academia Española no ha incluido en su diccionario oficial la palabra feminazi. Tan solo ha dicho, en su tuit, que “se utiliza con intención despectiva con el sentido de feminista radicalizada”. Esta palabra la inventó un conductor de medios, Rush Limbaugh, quien tuvo la costumbre de descalificar la lucha por los derechos de las mujeres y perteneció al Partido Republicano de los EE. UU.

Para la RAE, el feminismo es la doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres; y nazi, que pertenece al nacionalsocialismo, al movimiento político y social del Tercer Reich alemán, pangermanista y racista. Recordemos que Hitler, un vulgar asesino, quitó todas las libertades en su gobierno y destinó a las mujeres arias a procrear su especie para desplazar a las otras razas.

Esta palabrita, a más de estos orígenes, está cargada de ignorancia y contradicción, pues si la igualdad de derechos es la meta del feminismo, ¿cómo podría armonizarse con la palabra nazi que es sinónimo de superioridad racial?

De todo hay en el ramillete social; pero en la política, el Estado debe de recordar que los DD. HH. son su primera obligación, y no solo declarativa, sino la de trabajar en construir una sociedad igualitaria y que desaparezcan las discriminaciones, en especial la sexual.

Sobre esto, la Corte Interamericana de DD. HH. expresa que “todavía no se ha logrado eliminar la discriminación sexual”. Entre estas puede mencionarse la falta de voluntad política de quienes tienen el poder para hacerlo, las concepciones religiosas que, abierta o solapadamente, atentan contra la igualdad entre los sexos, las costumbres y tradiciones misóginas que entronizan la superioridad del sexo masculino, los estereotipos sexuales que mantienen la inferioridad de los roles femeninos, entre otras.

Ilústrese y si no está de acuerdo con la igualdad de derechos, dígalo y acepte las consecuencias -por lo menos con dignidad y no como ignorante- , no caiga en la tentación despreciable de usar vocabulario hueco y de creer que el cuerpo de la mujer le pertenece. Repita conmigo, todos los seres humanos nacemos iguales en dignidad y derechos.