Columnas

La guerra en Afganistán

Afganistán se ha convertido en sinónimo de guerra perpetua. Todo empezó en 1979, cuando la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, lo invadió para colocar en Kabul a un gobierno comunista afín. Estados Unidos ayudó y armó a los talibanes. Me encontraba en la URSS como embajador y se sentía el malestar ciudadano por haberse metido en una guerra que solo quería era reforzar un gobierno comunista. El ataque fue disposición del Politburó por insistencia de Brézhnev, con oposición de Súslov, el ideólogo del grupo. La URSS fracasó, los soviéticos se marcharon y los talibanes tomaron control hasta 2001.

Se culpó a Afganistán del atentado del 11S en Nueva York y eso empujó a EE. UU. a una guerra en el país centroasiático, que 20 años después y con los norteamericanos en retirada, no ha parado. El inicio de la invasión de EE. UU. supuso, en pocas semanas, la caída del Gobierno talibán en Kabul. El grupo nació a mediados del siglo XX en Pakistán como un movimiento de estudiantes islamistas ultraconservadores y rigoristas (en árabe significa estudiante). En la actualidad, los talibanes de Afganistán constituyen un emirato en el que impera la ‘sharia’, ley islámica. Han formado un Estado aparte, con impuestos, ejército y tribunales, donde se aplican penas como la lapidación y los latigazos por crímenes como el que una mujer hable con un hombre que no es de su familia. En su territorio han proliferado grupos como Al Qaeda y Estado Islámico (este último ha combatido en algunas ocasiones contra los talibanes), y ha sido un punto clave en negociaciones con EE. UU.: a cambio de su retirada total de Afganistán, los talibanes prometieron que no permitirán que se planeen atentados yihadistas desde su territorio en otros países. Afganistán es un país fallido y un Estado dividido. Hay dos gobiernos paralelos: el nacional y el de los talibanes. Los insurgentes controlan la mayoría del territorio, sobre todo las zonas rurales, y tienen a cerca de 13 millones de personas viviendo bajo su régimen. El Gobierno afgano se concentra en las ciudades y capitales provinciales, y controla las vidas de 11 millones de personas (el total de la población afgana es de 35 millones). Existe una tercera zona, en disputa entre el Gobierno y los talibanes. Allí la guerra es más cruenta y viven nueve millones de personas. 2,5 millones de afganos han abandonado el país durante la guerra, refugiados que, en su mayoría han acabado en Irán, Pakistán, Turquía y una minoría en Europa. Estos 42 años de guerra perpetua han dejado un país dividido y varios millones de refugiados y muertes. El mundo observa impávido. ¿Qué hace NN. UU.?