Columnas

Patacones y aforismos

"...esta vez, afortunadamente, la ley ha servido para limitar la voracidad estatal y que los contribuyentes, como Polo Baquerizo, podamos decir: si algo te debo, con esto te pago"

Volviendo a pasar revista por el pensamiento del premio Nobel de economía Milton Friedman, me encontré con el discurso que él diera en la inauguración de la sede del Instituto Cato en Washington D. C. en 1993. Como lo comentáramos anteriormente, a Friedman se lo asocia mucho con el aforismo “No hay almuerzo gratis”, que no es de su autoría. Sin embargo, como el mismo Friedman solía decir, existe otro máxima que le gustaba más, que sí fuera de su creación y que es de particular relevancia en el Ecuador de hoy: “Nadie gasta el dinero de otro con el mismo cuidado que gasta el propio”.

La semana pasada el Ministerio de Finanzas emitió un comunicado donde informaba que dada la crítica situación de la caja fiscal, el Estado pretendía pagar parte de sus deudas con bonos del Estado, como ya lo había hecho hace poco y de manera “voluntaria” por 532,5 millones de dólares con varias prestigiosas instituciones. El fantasma de los “patacones” aflora y nos recuerda que el Leviatán siempre va a seguir gastando el dinero que tiene y no tiene porque esa es su naturaleza. Como decía Friedman, “es una monstruosidad que se genera a si mismo”.

Afortunadamente, como bien lo explicara Eduardo Carmigniani en su columna Tributos contra bonos, en este Diario, la Ley de Eficiencias de Trámites Administrativos del 2018 permite el “cruce de cuentas” entre las deudas que tiene el Estado -que desea pagar con bonos- y deudas de los contribuyentes por obligaciones tributarias. Bien por esa ley que terminó con la cantinflesca interpretación -probablemente queriéndose aplicar aún- de que, a diferencia del mundo privado, no es posible cruzar deudas al Estado con deuda del Estado. Como propondría la teoría del Public Choice de James Buchanan, esta vez, afortunadamente, la ley ha servido para limitar la voracidad estatal y que los contribuyentes, como Polo Baquerizo, podamos decir: si algo te debo, con esto te pago.

Milton Friedman decía que todo aforismo es una verdad a medias y que incluso había aforismos que tenían su contraaforismo; así por ejemplo; “La historia nunca se repite” versus “No hay nada nuevo bajo el sol” o “No hay almuerzo gratis” versus “Lo mejor de la vida es gratis”. Sin embargo, de entre todos los aforismos de Friedman, mi favorito es el que él mismo explicara en su antedicho discurso en Washington D. C: “Si usted ha iniciado una empresa en el mercado privado y le empieza a ir mal, la única manera de continuar es sacando dinero de su propio bolsillo, lo cual es un gran incentivo para cerrarla. Por el otro lado, si empieza la misma empresa en el sector gubernamental, con los mismos prospectos de fracaso, y esta fracasa, tiene una mucho mejor alternativa. Puede decir que su proyecto o programa debió ser implementado a mayor escala; y no tiene que acudir a su bolsillo sino que tiene otro muchísimo más grande: el del contribuyente. En buena conciencia puede intentar, y de hecho lograr, convencer no al contribuyente, sino al congresista, de que su proyecto es realmente bueno y que lo único que necesita es más dinero. Así que para acuñar otro aforismo: si una empresa privada fracasa, se cierra; si una empresa gubernamental fracasa, se expande”.

¡Hasta la próxima!