Columnas

Los límites al crecimiento

Hay que aprender de los sistemas vivos, no solo comprender. Aprender es vivirlo, estar ahí, replantearnos el cómo vivimos

En 1968 se funda una organización sin fines de lucro por parte de un grupo de científicos, políticos y un visionario empresario italiano: Aurelio Peccei -gerente de FIAT, fundador de Alitalia-, llamada El Club de Roma, quien encarga al MIT la redacción de un informe sobre la complejidad de los sistemas vivos, que se entrega en 1972 bajo el nombre Los límites del crecimiento. Convertido en libro, fue un éxito editorial mundial, traducido a 30 idiomas, pero no cambió el rumbo de la humanidad.

El Club sí hay que definirlo, es el de iluminar los puntos ciegos: haciendo mejores preguntas, incómodas, que incluyan otros ámbitos de la sociedad, considerando los sistemas, la biósfera, la globalidad y sus interdependencias, con perspectiva a largo plazo. Es también el creador de la huella ecológica.

El libro por su parte evidencia un modelo mundial matemático a largo plazo, de que si seguimos el desarrollo económico “como siempre”, los recursos naturales serán escasos; sin embargo, la polución, la demanda de alimentos, la población y la producción industrial per cápita crecerán, y estos indicadores también crecerán hasta que haya recursos naturales. En un ejemplo, si no hay pasto y hay agua contaminada, no habrá vacas ni leche, por ende, no se alimentará la población. Actualmente necesitamos 2,2 planetas.

Si lo vemos al día de hoy, está todo validado por la realidad como el cambio climático, la crisis de biodiversidad y económica, la paz; es decir, todo esta conectado. Al punto que el reporte anual de NN. UU. sobre el estado de los 17 objetivos de desarrollo sostenible lanzados en 2015 para ser cumplidos en 2030, va muy mal, y en el caso de Ecuador, seguimos con una tendencia a estar igual o peor en pobreza, desnutrición, obesidad, tuberculosis, muertes por accidentes de tránsito, tratamiento de aguas residuales, acceso a banca digital, inversión en investigación, contaminación por mala calidad del aire, separación de residuos reutilizables, sobreexplotación de recursos pesqueros, homicidios, seguridad, acceso a justicia, entre otros.

Hay un crecimiento desigual. El planeta está en quiebra y la humanidad está librando una guerra contra la naturaleza, como dice António Guterres, secretario de NN. UU. Si los sistemas colapsan, ¿por qué no hacer la paz con la naturaleza o aplicar la economía circular? ¿O desarrollar nuestro propio mercado de carbono con entes privados para conservar?

En este momento en la Cumbre de las Américas, el cambio climático es un tema importante de la discusión y cada país presenta lo “increíble” que lo ha hecho…. pero estamos en el punto de 1972, donde el éxito de las reuniones no es el éxito en la gestión. Donde la crisis de alimentos y la económica, y la violencia en América Latina no se comprende en sistemas interconectados.

Hay que aprender de los sistemas vivos, no solo comprender. Aprender es vivirlo, estar ahí, replantearnos el cómo vivimos. Y sobre todo saber que la capacidad de hacernos cargo de nuestras consecuencias, en un esfuerzo individual y colectivo, y de acuerdo a Peccei, es entender que ciertas aspiraciones personales, locales o nacionales, aunque deseables, solo pueden alcanzarse a largo plazo en un contexto global.