Gobernar es rectificar (I)

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Gobernar es rectificar (I)

No disminuye la autoridad ni debilita la imagen de ninguna función del gobierno; por el contrario, la enaltece proceder a realizar rectificaciones’.

Se le atribuye a Confucio la frase con que titulo el presente cañonazo. En todo caso es una expresión digna de la sabiduría del gran pensador chino, que es uno de los pioneros en enseñar el arte de gobernar.

Transcurrido en nuestro país el tiempo en que la fecundación humana está lista para rendir el fruto de la misma, contribuyendo a la propagación de la especie, pareciera que no es apresurado pedirle a las funciones del Estado que en aquellos ámbitos en que su acción no ha fructificado como se esperaba y se requería, se produzcan las debidas rectificaciones. Conste que la inicial por la que yo me inclino es la rectificación del plan de gobierno. No es cierto que el Ecuador se pronunció a favor de dicho proyecto político. La decisión del pueblo de respaldar al actual presidente derivó de la confianza en sus merecimientos pero, sobre todo, obedeció a la voluntad de impedir una victoria de quienes habían saqueado a la nación e irrespetado la vigencia de los derechos humanos.

Ahora, obviamente hay que manejar las finanzas públicas con honradez y con austeridad, respetando los derechos ciudadanos pero, no se puede pretender imponer un plan neoconservador, mal bautizado como neoliberal.

Más cerca de los requerimientos de la República están los pronunciamientos del candidato Lasso durante la segunda vuelta electoral, que en el texto presentado como plan de gobierno antes de la primera vuelta.

Recuérdese además que el mayor éxito hasta ahora alcanzado, el de la vacunación, fue el resultado de la existencia de un gran consenso nacional al respecto y del consiguiente respaldo de igual ámbito que logró.

En cuanto a la Función Judicial, la rectificación fundamental requiere una reforma que, más allá de lo legal, involucre también la garantía de la calidad de los recursos humanos con que se va a contar para la administración de justicia. Debe partir, por tanto, de la decisión de los centros de educación superior de formar abogados, y profesionales en general, con profundo sentido de la ética y la justicia, que no acepten presiones políticas ni se sometan a otro tipo de comportamientos inmorales.