Fernando Insua Romero | Sin gritos, ayudemos a esta UCI
Si una UCI pediátrica necesita donaciones para funcionar es que el sistema ya está colapsado
Hay una imagen que debería perseguirnos más que cualquier pelea política: la de un hospital público en Ecuador, el Vicente Corral Moscoso, pidiendo donaciones para su UCI pediátrica. No para ampliar un ala nueva ni para comprar tecnología de punta, sino para cosas básicas: cánulas, guantes, medicamentos, suturas. Insumos que deberían estar garantizados en cualquier sistema de salud que funcione. Mientras tanto, el país grita. Gritan los políticos en redes, los bandos señalándose entre sí, las autoridades ante cámaras, indignadas por fallas que ya son parte del paisaje. Y en medio de ese ruido, un cartel sencillo, con un dibujo que evoca la ternura, pide ayuda para que niños en cuidados intensivos puedan respirar mejor, ser monitoreados, recibir antibióticos. Niños que no saben de disputas, de campañas, de culpas heredadas ni de excusas administrativas.
Por años el sistema de salud ha sido botín, trofeo, espacio de reparto, vitrina de propaganda. Hospitales inaugurados con cintas y discursos, pero sin mantenimiento. Presupuestos que servían más para anuncios que para abastecer bodegas que, al ser abastecidas, fueron a financiar el estilo de vida de unos cuantos. Hoy la realidad nos golpea sin maquillaje: si una UCI pediátrica necesita donaciones para funcionar es que el sistema ya está colapsado. Tal vez el único punto de partida posible es otro: reconstruir la salud pública como prioridad nacional. Pero mientras esa reconstrucción llega -porque debe llegar- hay algo inmediato que sí podemos hacer como sociedad. El hospital ha difundido la lista de insumos que necesita con urgencia: cánulas de alto flujo pediátricas, circuitos de monitoreo, catéteres, guantes estériles, tirillas de glicemia, antibióticos, soluciones, suturas; donaciones que pueden hacerse directamente en el área de cuidados intensivos pediátricos del hospital.
Aquí ya no hablo de ideologías ni de bandos, sino de comunidad; de empresas que pueden aportar, de ciudadanos que pueden ayudar. Porque hay niños que no pueden esperar a que los adultos se pongan de acuerdo. Niños con toda la vida por delante, pero hoy frágil, sostenida por máquinas y por decisiones que otros toman. Y esos niños silenciosos, vulnerables, luchando por vivir, son el verdadero ¡Nuevo Ecuador!