Inmunidad de rebaño

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Inmunidad de rebaño

Esta es la nueva realidad que nos toca vivir, en la que un apretón de manos que nos parecía natural ahora nos aterra.

Siguen sin aceptar la cruda realidad, la población está haciendo su vida de manera casi rutinaria. Solo cuando inicia el toque de queda se guardan para no ser atrapados. Buena parte de la ciudadanía no sigue los lineamientos de distanciamiento social, protección, ni las restricciones de circulación, por lo tanto, las autoridades deben difundir urgentemente los protocolos a seguir ante esta forzada apertura, empujada por la ciudadanía merced a su imperiosa necesidad de generar recursos.

Lastimosamente, por el grado de desobediencia y descontrol, la inmunidad en Ecuador, queramos o no, será la que los expertos denominan “inmunidad de rebaño”. Es decir, muchas personas se infectarán, si es que esto ya no está ocurriendo, con lo que los niveles de mortalidad repuntarán y de la misma forma, el número de recuperados que romperán el índice exponencial de contagio que hasta ahora hemos experimentado.

Por la experiencia vivida en Ecuador será imposible lograr lo que muchos países buscan, el contagio gradual que evita rebasar la capacidad de atención de los centros de salud, con el propósito de proveer una adecuada atención médica y provisión oportuna de medicinas para los afectados.

Me temo que esta es la realidad que nos tocará enfrentar y hacia allá deben apuntar las autoridades, para que la nueva oleada no los tome desprevenidos.

La otra enfermedad es la económica, situación que se complica día a día por la escasa experiencia del equipo económico del Gobierno, que poco ha hecho para paliar la crisis que atravesamos. Son una especie de bomberos económicos mal entrenados, que tratan de apagar los incendios con gasolina, lo cual ha quedado ampliamente demostrado con su inconstitucional proyecto de ley humanitaria, donde se vulneran derechos, se imponen medidas de coerción y nos cargan con más impuestos que nos restan liquidez.

Esta es la nueva realidad que nos toca vivir, en la que un apretón de manos que nos parecía natural ahora nos aterra. Así será hasta que tengamos la vacuna contra esta plaga que azota al mundo y vino para quedarse por largo tiempo.