Nido de cuervos

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Nido de cuervos

No es lo que miramos lo que importa, sino lo que vemos. Y cuando diferentes percepciones luchan entre sí, la verdad tiene la costumbre de perderse, y los monstruos encuentran la manera de salir’.

Es increíble lo mucho que nos queremos y lo bien que pensamos de nosotros mismos. Bastó que la victoria electoral de Guillermo Lasso fuera un hecho para que -después del suspiro de alivio- todos quisieran cogobernar. Todos con la solución, todos con la fórmula, todos sabiendo qué es precisamente lo que hay que hacer. En fin, asunto arreglado, que se nos haga caso, y apaga la luz y vámonos.

Yo recuerdo que este fenómeno (que no es nuevo) antes requería el espacio de una columna de opinión o de alguna entrevista en un medio de comunicación. Hoy, con la existencia de las redes sociales, solo hace falta tener algo que decir y un ‘smartphone’ para gritarlo al mundo desde la palestra de la vanidad o desde las sombras del anonimato.

En un pasado artículo, cité a Umberto Eco (Crónicas de una Sociedad Líquida), quien, con la genialidad que lo caracterizó, nos da lecciones y advertencias. Sostiene que las redes sociales pueden ser peligrosas: “Admitiendo que sobre 7.000 millones de habitantes del planeta hay una dosis inevitable de imbéciles, muchísimos de ellos una vez comunicaban sus desvaríos a los íntimos o a los amigos del bar -y así sus opiniones quedaban en un círculo reducido-. Ahora -lamenta el autor- una importante cantidad de estas personas tiene la posibilidad de expresar sus propias opiniones en las redes sociales. Por lo tanto estas opiniones alcanzan a audiencias enormes, y se confunden con muchas otras expresadas por personas razonables”. “Nadie es un imbécil de profesión -salvo excepciones-, pero una persona que es un óptimo cirujano, un óptimo empleado bancario, un óptimo quiosquero puede, sobre argumentos en los que no es competente, o sobre los que no ha razonado bastante, decir estupideces”.

Eco concluye haciendo a los diarios en papel un último llamado a analizar meticulosamente la Red de Redes, señalando los sitios virtuosos y los que publican “bolazos”, marcando “el inicio de una nueva función de la prensa”.

Para lo único que me he referido al futuro presidente por redes sociales, fue para aplaudir su valiente defensa de las instituciones democráticas, al referirse a una decisión de la Corte Constitucional, y la independencia que debe existir; incluso contra sus creencias religiosas y personales, como verdadero demócrata (“cuyo corazón se conoce en momentos como este, cuando es capaz de respetar a la autoridad incluso cuando no está de acuerdo con ella”). A ese comportamiento, reitero mi aplauso. Eso nos venía haciendo mucha falta desde hace mucho tiempo. Para todo lo demás, me hace falta un montón de información.

Porque, como bien dijo Emily Thorne (‘Revenge’) “la verdad es una batalla de percepciones. La gente solo ve aquello que está preparada a confrontar. No es lo que miramos lo que importa, sino lo que vemos. Y cuando diferentes percepciones luchan entre sí, la verdad tiene la costumbre de perderse, y los monstruos encuentran la manera de salir”.

Cierro con lo dicho por un personaje de una novela de Arthur Hailey, que en un brillante diálogo sostiene: “... ¿Sabes?, con frecuencia me he preguntado por qué no dejan a los editorialistas de los diarios tomar el mando y manejar el país. Tienen una solución para todo. Pero, desde luego, si efectivamente manejaran el país, siempre existirá el problema de no tener quien escriba los editoriales”.