Columnas

Un gran paso adelante para la justicia fiscal mundial

Los 132 países y territorios que actualmente apoyan el nuevo acuerdo sobre fiscalidad de las empresas representan el 90 % del PIB mundial.

El multilateralismo ha estado a la defensiva estos últimos años. Hoy en día, en un entorno mundial que es más multipolar que multilateral, la competencia entre Estados parece anteponerse a la cooperación. No obstante, el reciente acuerdo mundial para reformar el sistema internacional de fiscalidad de las empresas es una prueba positiva de que el multilateralismo no ha muerto.

Sin embargo, tampoco goza de buena salud. La globalización ha seguido su curso durante la pandemia de COVID-19 (aunque de un modo menos uniforme y a pesar de la sensación de creciente aislamiento entre la gente), pero la interdependencia es cada vez más conflictiva. Incluso el poder simbólico se está empleando de manera coactiva: las vacunas, los datos y los estándares tecnológicos se han convertido en instrumentos de competencia política.

El mundo también está perdiendo libertad. La democracia misma está siendo atacada, en un desabrido enfrentamiento ideológico acerca de qué sistema político y económico puede producir mejores resultados para la ciudadanía.

La Unión Europea (UE) sigue creyendo en un mundo previsible de multilateralismo basado en normas, mercados abiertos, colaboración de suma positiva y justicia y solidaridad sociales, y sigue trabajando a tal fin. Seguimos convencidos de que solo se puede hacer frente a los desafíos del mundo actual (desde la lucha contra la pandemia hasta la acción contra el cambio climático) mediante la cooperación mundial. Por consiguiente, la UE seguirá liderando la revitalización del multilateralismo basado en normas, para mostrar a nuestra ciudadanía los beneficios tangibles de un concepto aparentemente árido y tecnocrático.

Al fin y al cabo, la alternativa a esta cooperación multilateral (cada uno por su lado) supone un acceso más limitado a las vacunas, una actuación insuficiente en materia climática, el enconamiento de las crisis de seguridad, la regulación inadecuada de la globalización y un aumento de la desigualdad mundial. Ningún país, ni siquiera el más grande, puede sobrevivir en solitario. Por todo ello, Italia ha situado con razón el multilateralismo entre los elementos prioritarios del programa de su actual presidencia del G20.

Ahora bien, la UE no puede limitarse a recalcar sus credenciales multilaterales. Europa debe demostrar que la acción multilateral puede proporcionar réditos a todo el mundo si todos los países invierten en ella. Y eso es precisamente lo que consigue el nuevo acuerdo tributario mundial.

El acuerdo, refrendado a principios de julio por los ministros de Economía y Hacienda del G20 y respaldado por 132 países, fijará un tipo impositivo mínimo mundial de al menos el 15 % para empresas multinacionales y asegurará que dichas empresas paguen impuestos en los países en los que generen sus beneficios. Se trata de un paso histórico hacia una globalización más justa y de un hito del multilateralismo eficaz.

En los últimos años, los gobiernos han tomado importantes medidas contra la evasión fiscal por parte de los particulares. Según la OCDE, entre 2009 y 2019 el intercambio automático de información tributaria entre Estados generó unos ingresos fiscales adicionales de 95 000 millones de euros (112 000 millones de dólares) en los países del G20, y dio lugar a una reducción del 34 % de los depósitos en paraísos fiscales.

Sin embargo, la lucha contra la elusión fiscal de las multinacionales, un problema aún mayor, ha demostrado ser más correoso.