Reconciliación nacional

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Reconciliación nacional

Nuestro país se caracteriza por ser de paz, de dedicación al trabajo honesto. Por superar sus problemas mediante la aplicación de medidas racionales. La violencia jamás es buena compañera, nada soluciona.

Dieciocho días de angustia. Dieciocho días de zozobra, de incertidumbre, de desazón, de terror y de desenfreno criminal como consecuencia de un paro nacional auspiciado por los sectores indígenas dirigido por la Conaie.

Los vándalos y los terroristas aprovecharon este movimiento para intentar con su violencia desestabilizar al régimen democrático, para pescar a río revuelto y para satisfacer a quienes buscan la impunidad por sus actos de corrupción.

Tras dieciocho días el paro llegó a su final mediante un acta de paz suscrita entre el Gobierno ecuatoriano y los movimientos indígenas, gracias a la intervención de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. Corresponde ahora, tanto a los suscriptores de esta carta de paz como a los ecuatorianos en general hacer profundas reflexiones para lograr una real reconciliación nacional, que termine con los odios mal fundados que tanto daño hacen a la sociedad humana.

Estas reflexiones deben servir para comprender que el Ecuador queda, luego de estos dieciocho días trágicos, en una situación económica deprimida, de la que no podrá salir si no es con el esfuerzo de todos. Nuestro país se caracteriza por ser de paz, de dedicación al trabajo honesto. Por superar sus problemas mediante la aplicación de medidas racionales. La violencia jamás es buena compañera, nada soluciona. Por el contrario la violencia arruina a los hombres y a las sociedades.

Esperamos que se cumplan seriamente con los puntos aceptados en el acuerdo de paz. Exigimos a las comunidades indígenas que comprendan que sus problemas, que son varios y serios, así como son los problemas de todos los ecuatorianos, no pueden arreglarse ni solucionarse en un corto plazo.

La lección que dejan los trágicos dieciocho días últimamente vividos no puede ser olvidada tan fácilmente. Quienes creemos que el Ecuador es un país en muchos aspectos diferente de otros, tenemos fe en su futuro promisorio. Por eso seamos optimistas. Solo con el trabajo honesto y no con dádivas y con subsidios se supera la pobreza.