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Diario Expreso Ecuador

Seguridad penitenciaria con personal especializado

La crisis penitenciaria en Ecuador evidencia la necesidad de profesionalizar a los guías y reformar el sistema con criterios técnicos.

La falta de personal y recursos limita la seguridad y rehabilitación en las cárceles del país.

La falta de personal y recursos limita la seguridad y rehabilitación en las cárceles del país.ARCHIVO/ EXPRESO

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Sobre la incorporación de guías penitenciarios, el Reglamento del Cuerpo de Seguridad y Vigilancia Penitenciaria establece que este es una entidad civil, armada, uniformada, jerarquizada, disciplinada, técnica, profesional y especializada, responsable de mantener el orden y la seguridad en los Centros de Privación de Libertad (CPL), así como de la custodia, vigilancia, traslados de personas privadas de libertad y atención de situaciones de crisis.

Sin embargo, esta definición dista de la realidad. El sistema penitenciario ecuatoriano ha sido administrado sin una política técnica sostenida. El hacinamiento, la deficiente infraestructura, el escaso presupuesto, la falta de personal especializado y el insuficiente número de guías han impedido la rehabilitación de las personas privadas de libertad. Por el contrario, las cárceles son consideradas escuelas de perfeccionamiento del crimen.

Profesionalización y selección rigurosa como clave

Ahora que el SNAI depende del Ministerio del Interior, resulta indispensable fortalecer su gestión con asesoría de organismos internacionales y profesionalizar al Cuerpo de Seguridad y Vigilancia Penitenciaria. La incorporación de nuevos guías debe realizarse mediante un proceso de selección riguroso, transparente y libre de influencias, priorizando a los mejores jóvenes, hombres y mujeres de entre 19 y 23 años que cumplen el servicio militar.

Estos aspirantes deberían recibir formación especializada en la Escuela de Soldados del Ejército, con una malla curricular adaptada al ámbito penitenciario. Antes de ser destinados a los CPL, tendrían que aprobar pruebas de confianza y estar sujetos a una adecuada rotación. En cambio, incorporar militares o policías en servicio pasivo no parece conveniente por su edad, responsabilidades familiares y menor flexibilidad para la rotación. Asimismo, es imprescindible incorporar profesionales en rehabilitación y administración penitenciaria; de lo contrario, el resultado será, como dice el refrán, ‘la misma jeringa con distinto bitoque’.

Alberto Molina Flores

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