Iván Carvajal, amigo y pensador (II)
Homenaje a Iván Carvajal recorre su poesía, pensamiento filosófico y una amistad de más de 50 años marcada por preguntas sobre la vida, el tiempo y la muerte

Iván Carvajal, poeta y pensador ecuatoriano, desarrolló una obra marcada por la reflexión sobre la existencia, el tiempo, la muerte y la condición humana.
“Los poemas que amo no saben las respuestas a las preguntas incontestables de la vida; pero solo ellos saben disponer las preguntas para que tengan la posibilidad de una respuesta. Quizá porque solo los poemas saben entrar al hogar de la vida cuando el hogar está vacío y se pueden sorprender las intimidades de su dueña ausente”, escribió Jorge Aguilar Mora sobre la poesía de Iván en el libro El fulgor del instante. Los poetas y los pensadores coinciden en el asombro ante el hecho de vivir y de ver a la existencia como misterio, como comentábamos con Iván en algunas de nuestras caminatas de juventud, probablemente entusiasmados por algún texto de Heidegger. Los grandes temas de la filosofía, el sentido, el tiempo, la amistad, el amor, el olvido, la muerte, son también los temas de la poesía. En cuanto a la filosofía, Iván, con todo rigor, recorría toda la tradición occidental. Como poeta, buscaba en la palabra, como decía Aguilar Mora, la libertad más auténtica, aun con el riesgo de la soledad más extrema, al atravesar parajes desolados en la búsqueda de la trascendencia que da el poema.
Iván Carvajal y la búsqueda de la trascendencia
Iván Carvajal es una de las figuras señeras del pensamiento y la poesía latinoamericana y ecuatoriana del siglo XX y de lo que va del presente. Su obra ha pasado inadvertida en el país, quizá por su perfección, quizá por su intensa vida de trabajo intelectual, quizá porque sean malos tiempos para la lírica. No creo por lo demás que el tema le preocupase ni que hubiese buscado nunca notoriedad. Basta decir que es un referente obligado de nuestro tiempo para entender la condición humana. “Contemplo al cerezo en su milagro. / Florece. Y aunque me embriaga su aroma, / no estaré aquí para probar sus frutos. / Mi vida depende del cerezo apenas/ mientras dure este instante. Un blanco manto/ que cae y se mece, un fresco olor, / mi júbilo. Me iré en unos minutos. / Mi vida no depende del cerezo. / Y sin embargo irá el fantasma / del árbol conmigo para siempre. “
Spinoza, la vida y la meditación sobre la existencia
En los últimos años, Iván me hablaba, entusiasta, del filósofo Spinoza. Era cuando revisábamos las preguntas por el sentido, la vida, la muerte, después de más de 50 años de diálogo. “El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte; su sabiduría es la meditación de la vida, no de la muerte”, consta en la Ética, IV, 67. Su poesía, su amistad, su cariño, sus amigos, éramos la celebración del instante, que persiste como instante y pese a todo, en el tiempo.