La cloaca de la ciudad
El estero Salado enfrenta décadas de contaminación y requiere controlar los vertidos y aplicar soluciones científicas para recuperar su ecosistema

La recuperación del estero Salado requiere reducir las fuentes de contaminación y aplicar soluciones sostenidas para restaurar su ecosistema.
Durante más de siete décadas el estero Salado ha sido el espejo de una deuda ambiental que Guayaquil no puede seguir postergando. Descargas urbanas e industriales vertidas sin control y una planificación que ignoró los límites de la naturaleza transformaron un ecosistema vital en una letrina, contaminada incluso con plomo, cadmio y mercurio.
Guayaquil
Parques lineales de Guayaquil, espacios públicos que se deterioran frente al estero Salado
Freddy Josue Andrade Andrade
El problema no se resuelve con parches
El error ha sido intentar corregir consecuencias sin eliminar las fuentes de contaminación, tanto industriales como urbanas. Aireadores y parques lineales generaron mejoras puntuales pero no sustituyeron una política sostenida de prevención, control y remediación.
La lección es contundente: un ecosistema no se recupera maquillando sus síntomas. Se recupera identificando la causa, interrumpiendo los vertidos contaminantes y aplicando soluciones científicas con resultados medibles.
La ciencia busca nuevas soluciones para descontaminarlo
Aquí aparece un punto de quiebre. Investigaciones del científico Rafael Luque de la Ecotec, plantean el uso de materiales funcionales y biocatalizadores capaces de reducir más del 90 % de determinados contaminantes disueltos. Si los resultados son confirmados y escalados, Guayaquil y el Ecuador tendrían una herramienta tecnológica para una remediación ambiental real, no solo del estero, sino de ríos y lagos.
¿El mayor riesgo? Convertir la innovación en una nueva promesa sin atacar a la vez, los vertidos que originaron el problema. La tecnología puede limpiar, pero jamás justificar que continuemos contaminando.
La pregunta que Guayaquil debe hacerse es: ¿qué información seguimos pasando por alto? No basta medir cuánto se recupera el Salado; debemos determinar cuánto contaminante continúa ingresando y quién debe impedirlo.
Recuperar el Salado también es recuperar Guayaquil
Las consecuencias no son sólo ecológicas. Son económicas, sanitarias, urbanas y culturales. Recuperar el Salado significa devolver biodiversidad, identidad y calidad de vida a la ciudad.
Corresponde transformar ciencia en política pública, control en cumplimiento y preocupación ciudadana en acción. El estero Salado no necesita más discursos: necesita que dejemos de contaminarlo, lo recuperemos y asumamos que su futuro también es el nuestro.