Lo que sostiene un libro
La lectura mantiene su vigencia en Ecuador pese al avance de la inteligencia artificial, el cierre de librerías y los cambios en la industria editorial

La Feria Internacional del Libro de Guayaquil evidencia el interés de los lectores, mientras librerías, editoriales y espacios de lectura enfrentan nuevos desafíos.
El martes se anunció en Utrecht la identificación de un pergamino con versos del libro XII de la Odisea. Alguien lo compró para leerlo hacia el año 300 y otros lo guardaron mil setecientos años.
Hoy se compran libros por millones, sobre todo ediciones anteriores a 2022, sin texto escrito por inteligencia artificial. Se les corta el lomo, se escanean y se recicla el papel. Entre conservar el objeto y quedarse solo con el texto ocurre todo lo demás.
Más lectores, menos librerías
Nunca hubo tanta gente alrededor del libro. Hay ferias que se desbordan. Al mismo tiempo cierran librerías independientes y editoriales históricas. Ecuador publica hoy casi el doble de títulos que hace cuatro años y exporta menos que el año pasado. Nadie discute que el libro vale, y aun así eso no basta.
La feria del libro de Guayaquil pasó de veintidós mil visitantes a más de treinta y dos mil en once años.
La cadena de custodia de la lectura
Cecilia Ansaldo, miembro de su comité de contenidos, menciona lo que sostiene el libro los otros días del año. Las librerías que se afanan en ofrecer actividades, una universidad pública que forma escritores, un club de lectura que se reúne cada semana desde hace dieciséis años, escritoras que se fueron y siguen interviniendo desde España. Son la misma cadena de custodia del pergamino de Homero. Pasan de mano el objeto y la capacidad de leer largo, de discutir lo leído, de sostener una idea hasta el final. Eso no se hereda, se entrena, y se entrena en lugares que alguien tiene que pagar.
Una vigorosa vida espiritual o vida psíquica, con sentido crítico, con buen uso del idioma, proviene de la lectura, dijo Ansaldo al inaugurar la feria. Que treinta mil personas caminen cinco días alrededor de libros dice que esa certeza sigue viva.
Leer para pensar en tiempos de inteligencia artificial
Escribir y leer son de ayer. Cinco mil años contra doscientos mil de especie. En ese margen no inventamos el pensamiento. Fabricamos una manera de fijarlo, acumularlo y volver sobre él, y el libro fue la máquina que permitió hacerlo a escala. Está hoy en el punto donde se tocan lo que nos hizo y lo que estamos por volvernos, y por eso todo se decide ahí. Pieza por pieza, estamos eligiendo qué parte de lo que nos permitió leer vamos a conservar.
La columna continúa en @bb_latente