
Adelanto de elecciones seccionales en Ecuador: no es el clima, es el cálculo político
Análisis| Al Gobierno le conviene el adelanto: ya sea porque prevé apagones o porque la idea es perjudicar al correísmo
La presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Diana Atamaint, dio la mañana de este 30 de marzo de 2026, en los estudios de Teleamazonas, una de las explicaciones más alucinadas e incoherentes imaginables a la decisión del organismo que ella preside de adelantar las elecciones seccionales en tres meses: de febrero de 2027 a noviembre de 2026.
Atamaint, ante la consulta del periodista Milton Pérez, ensayó un argumento que raya entre lo cómico y lo trágico: según ella, votaciones y elecciones no son lo mismo. No pudo sostener su punto -es insostenible, porque no hay diferencia entre votaciones y elecciones, como se lo hizo notar el periodista- y, más bien, recordó, en tono de advertencia, que nadie puede interferir en las decisiones del CNE cuando está vigente un período electoral, como ocurre en estos momentos.
Con esa suerte de advertencia, la presidenta del CNE sugirió que la Corte Constitucional no puede declarar la inconstitucionalidad de la decisión, porque los jueces de esa corte podrían ser destituidos. Tampoco pudo negar que la decisión viola la Constitución y la ley, que establecen que la fecha de las elecciones solo puede ser alterada en caso de disolución anticipada de la Asamblea Nacional, revocatoria del mandato o fin anticipado de este.
Atamaint insistió en el argumento -que no tiene sustento científico- de que el adelanto se produce porque el fenómeno de El Niño va a azotar el país en febrero de 2027. El pronóstico meteorológico del CNE, elaborado por la Secretaría de Riesgos (adscrita al Ejecutivo), no solo resulta absurdo si se toma en cuenta que aún faltan 11 meses para febrero de 2027, sino porque no hay un solo estudio científico que diga aquello.
Es más, Bolívar Erazo, director del Inamhi -el único organismo técnico y científico que hace esos pronósticos en el Ecuador-, renunció al cargo pocas horas después de que el organismo electoral tomó la decisión.
Informes internacionales no prevén un Niño fuerte
No existe, en realidad, ningún informe o análisis científico o técnico que sostenga lo actuado por el CNE.
El National Weather Service de los Estados Unidos, que mantiene desde hace años un servicio especial de monitoreo de El Niño, señala que, en el improbable evento de que ese fenómeno se forme, este tendría su momento más fuerte entre octubre y diciembre de 2026.
En el Perú, el país de la región que más sufre las llegadas de El Niño, se dice lo mismo: la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) hizo un informe hace pocos días según el cual “sigue siendo más probable que El Niño Costero se extienda hasta diciembre del presente año, con una magnitud débil por lo pronto”.
Estos datos de EE. UU. y Perú llevan a una conclusión casi cómica, pero que retrata la conducta del CNE: si en esos países hubiera elecciones en noviembre, las pasarían a febrero, porque para entonces El Niño habría perdido su fuerza.
Una jugada similar hizo Correa años atrás
Lo que hizo el CNE, evidentemente bajo auspicio del Gobierno, es exactamente lo mismo que hizo Correa durante una activación volcánica en el Cotopaxi. Cuando se estaba articulando la marcha indígena en agosto de 2015, declaró un estado de emergencia diciendo que el volcán había estallado y que incluso había lahares que descendían por sus laderas.
En ese episodio, Correa le quitó la vocería sobre el tema al Instituto Geofísico de la Politécnica, que era el único que lo seguía, y decretó que toda la información tenía que salir del Ministerio de Defensa.
Lo hecho por el gobierno de Correa en 2015 y por el CNE, alineado con el gobierno de Daniel Noboa, consagra una de las conductas más peligrosas que un organismo público puede adoptar: poner por delante el interés político de determinado grupo frente a la evidencia científica en un tema que puede implicar vidas humanas.
¿Por qué el CNE adelantó las elecciones?
En realidad, la decisión del CNE no tiene ninguna relación con los fenómenos meteorológicos: es estrictamente de cálculo político. Por alguna razón que no está del todo clara, al Gobierno le conviene el adelanto: ya sea porque prevé que habrá apagones a inicios del próximo año y eso podría afectar su popularidad, o porque la idea es perjudicar al correísmo, ya que ese partido está suspendido por un tema de cuentas mal presentadas.
Esto implica que sus posibles candidatos deberán hacer un farragoso trámite que incluye su desafiliación y su posicionamiento en nuevos movimientos, que podrían ser distintos en cada provincia.
El cambio del calendario electoral vino precedido por otra decisión del CNE cuyo objetivo es cambiar las reglas del juego para beneficiar las candidaturas del Gobierno. Ese organismo aprobó los informes de sus áreas técnicas, que recomiendan iniciar los trámites de cancelación de Construye y Unidad Popular. Es decir, no solo se cambia el calendario, sino que se eliminan posibles competidores.
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