La naturaleza del poder, sin corrupción

Hoy salen de las cenizas los 'herederos' de ese poder ambiguo, corrupto y decadente

La muerte de Gorbachov sirve para reflexionar sobre la estructura del poder. Nunca en la URSS hubo un individuo con mayor poder que él. Sin pensar en el dinero comenzó a tomar decisiones de reforma del comunismo. Había observado cómo este arruinaba la economía, destruía a las personas y robotizaba todo. Fue una mezcla de Solyenitsin y Thatcher. Como joven líder se creía que fortalecería a la URSS para dominar el mundo; la instrucción de los máximos comunistas así lo decía. No fue así. Puso en circulación dos ideas revolucionarias: la perestroika y la glásnost. La primera aspiraba a reestructurar la economía y la segunda transparentar la gestión y la información. Lo consiguió a un precio histórico no anticipado: la desaparición de la URSS. Miró cómo la corrupción había podrido toda la economía y con la transparencia todo eso se supo. Entonces fue calificado como el 'sepulturero' del comunismo. En el fondo fue un producto del humanismo marxista, aberración ideológica, y lejos del método leninista y stalinista comenzó retirando al ejército rojo de Afganistán, negoció sobre armamentismo con los líderes occidentales. Fue fundador del comunismo escondido en el ecologismo. Las izquierdas desde ahí siguen al método gramsciano para horadar el interior de la estructura occidental. Gorbachov fue el hombre más buscado y encontrado por Occidente para derrotar al poder totalitario. Hoy salen de las cenizas los 'herederos' de ese poder ambiguo, corrupto y decadente.

Francisco Bayancela González